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domingo, 5 de septiembre de 2021

El catarro en el Seitai, su naturaleza desconocida

La actividad corporal se dirige a recuperar el equilibrio, el cual se pierde de vez en cuando. La pérdida nos hace sentir mal, pero la actividad continúa hasta que el equilibrio se restablece.  Parte de esa actividad es el catarro y aunque molesta es benefactora. Igualmente, el catarro es algo que se observa diferente en función de la tensión parcial relacionada con el movimiento parcial del cuerpo o Taiheki. Asimismo, es diferente el catarro según las estaciones del año.

En el movimiento la energía se coagula en distintas partes del cuerpo, sea en exceso o déficit, siendo su directriz ascendente-cerebral, lateral-digestiva, antero-posterior pulmonar, torsión-urinaria, o pelviana. Así pues, el catarro puede afectar, no solo al sistema respiratorio, también el digestivo, urinario, etc.

Desde la perspectiva del Seitai, el catarro acontece por razones distintas a la de contagiarse u otras concebidas. Sobreviene cuando existe un exceso de tensión corporal, también emocional, debido a preocupaciones o estrés. También cuando el sistema digestivo o urinario están sobrecargados por un exceso de alimentación, químicos o alcohol.

Influye el trabajo extenuante, estar deprimidos, o incluso cansar la vista. De hecho, existe un tipo de catarro que tiene aquí su origen y por ese preciso motivo estando acatarrados no se debería cansar la vista viendo la televisión o cualquier pantalla digital.

Surge igualmente cuando la elasticidad de las arterias y las vértebras disminuye o si existe una fatiga en alguna parte del cuerpo. En cualquier caso, se desconoce que el catarro se origina en el cuerpo que trata de reparar un estancamiento biológico. Igualmente, que el catarro se revela en la posición y estado de ciertas vértebras.  


Las vértebras afectadas son variadas, sobre todo, la tercera, cuarta y quinta dorsales, y la primera lumbar, aunque la afectación se extiende a más. Sirva de ejemplo, que si existe una falta de elasticidad en la quinta dorsal y primera lumbar el catarro acontecerá y si esa falta de elasticidad afecta a la tercera y cuarta vértebras dorsales el catarro se alargará demasiado.

Por otra parte, puede haber complicaciones por no saber pasar bien un catarro y encontrarse con que el estado de la tercera y cuarta vértebras dorsales tengan o no que ver con la neumonía o la tuberculosis, pero no me extiendo aquí en ello por ser un poco complejo.

Puede verse de distinta manera lo mismo, solo que la óptica moderna consiste en ver al ser humano como una máquina y la enfermedad como una avería. Esto es diferente a, por ejemplo, la primitiva forma de ver de los chamanes, para quienes la enfermedad es un desajuste de lo interno con lo externo y, por ende, con la naturaleza. El mismo Hipócrates lo creía así, y del mismo modo el Seitai. 

En cierto modo, habría de pasarse lo que llamo la frontera del catarro, lo cual no es otra cosa que aprender a pasarlo de forma natural, comprendiendo que este, al igual que la diarrea, suaves, y en su justa medida, contribuyen a mantenerse sanos. Esa forma consiste en no hacer demasiado, de modo que el proceso no se interrumpa y rebrote luego con más fuerza. 


Se introducen coadyuvantes no invasivos, tales como actuar sobre ciertos puntos, tales como la fosa infraclavicular, y vértebras, el uso de agua caliente, la respiración, etc. Todos ellos, junto con la fiebre, el Gyoki o inspiración concentrada, el Yuki o espiración concentrada, y el Katsugen Undo, pueden ser buenos aliados, siempre, claro está, en cuerpos de sensibilidad y vitalidad normales. No se puede lograr si no es por la experiencia gradual al cabo de largo tiempo. 


La vida es algo que vivir, no un diamante que guardar en una urna, porque de ese modo se debilita y pasa ante nuestros ojos sin apenas sentirla. Peor si se tiene miedo. Y aunque todo el mundo quiere estar sano, eso es una condición natural, no algo que se consiga con sobre protecciones.

Aunque sí resulta interesante la relación que hay entre el sudor y las corrientes de aire, así como la temperatura del agua, la sensibilidad y la insensibilidad, etc., cosas fáciles para prevenir complicaciones.  Tal vez la peor sea creer que uno está enfermo por estar acatarrado, pero lo único seguro es la diferencia entre vivo o muerto, y los animales viven y mueren sin ideas de sano o enfermo.

Nota: este texto está basado (con alguna parte concreta) en el libro: “El catarro en el Seitai, su naturaleza desconocida”.

Si deseas leer la introducción y una parte del principio puedes echar un vistazo aquí: vista previa.

Ver página del libro en este blog.

Temas relacionados:"Lo normal en la naturaleza", "Naturaleza secreta y Katsugen".

Libros afines: “Entrevista con el cuerpo, Katsugen, cuando vivir sano es inevitable”, “Katsugen Undo, la práctica que restablece la salud y la serenidad”, Tenshin, la quintaesencia del Seitai, la naturaleza secreta del cuerpo humano”.

jueves, 23 de agosto de 2018

El cuerpo en equilibrio

El hombre es un ser vivo, pero se orienta hacia un modo de vivir un poco diferente a la vida natural. Esta no consiste en llevar una vida tan sana que no deje de apuntar a la dualidad, siendo esta la que domina al hombre civilizado.

La dualidad es propia de un mundo físico, pero la mente saturada de ella no se adecúa bien al movimiento en lo que a la vida se refiere, porque la vida es movimiento. Uno quiere estar sano alejando de sí el mal y atrayendo el bien; sin embargo, existe una paradoja: la persona enfermiza es una persona sana.

Esa palabra, enfermiza, en el marco “cartesiano-racional” es antagonista de ese deseo universal de estar sanos, pero desde un marco menos dualista indica capacidad plena para reaccionar al movimiento de la vida. Ese marco es el de la sensibilidad, donde cualquier alteración en el organismo actúa como estímulo para su equilibrio.

Es el polo opuesto de la insensibilidad, como queda reflejado en la primera parte de “el cuerpo en orden”. Hablo pues de una persona sensible. Aunque puede ser hipersensible (un tipo 11, según los Taiheki), y como en todo exceso se rompe el equilibrio. Se trata en este caso de una sensibilidad deformada, en la que la imaginación (sobreexcitada) actúa como detonante. 

La persona hipersensible se encuentra en un estado permanente de descarga de energía, de modo que es fácil experimentar alergias, crisis asmáticas, crisis de ansiedad, etc., lo que por otro lado puede tener su origen en una simple agresión verbal o en un problema cotidiano, no solamente en un agente medioambiental. 

A pesar de todo, sigue siendo una persona sana en comparación con una insensible (un tipo 12). Comprender la diferencia entre una sensibilidad deformada y lo que es un “estímulo” nos lleva a conciliarnos con esas afecciones que contribuyen al equilibrio. El mero hecho de saber una persona que es hipersensible reduce su preocupación. 

Lo ideal, sin embargo, es equilibrar la sensibilidad. Es lo mismo que decir: regular el cuerpo, lo que para mí basta para estar sano. Es la práctica del movimiento regenerador, Katsugen Undo, la que me permite regularme y abandonar las preocupaciones que no me aportan nada útil.

Mi única preocupación es no perder de vista las palabras de Mº Tsuda: “sensibilización y eliminación, no hace falta nada más”. Es así como desaparecieron mis afecciones crónicas, entre ellas un colon irritable, y otros imprevistos del momento como una distensión del punto de anclaje de una costilla con el esternón (debido a un golpe), etc.

¿Y cómo se regula el cuerpo? Ya he dicho que con el movimiento; sería mejor decir qué ocurre, lo que se resume en tres fases que se repiten: relajación, sensibilización y eliminación. En realidad todo el mundo pasa por estas fase, pero se malinterpreta lo que no siempre agrada.

En la primera fase uno se siente relajado, a veces somnoliento, se pierde un poco de apetito, se acusa más el frío, etc. Es un periodo de descanso dentro de las posibilidades de cada persona que no se acepta. Se nos exige despabilar... cuando hay que descansar (lo pide el cuerpo).

En la segunda fase, el cuerpo se sensibiliza, la piel se vuelve más sensible, pueden surgir diarreas, molestias, dolores e incluso fiebre e inestabilidad emocional, etc. Pero es que el cuerpo se prepara para liberarse de lo que le es perjudicial. Uno se siento hiperactivo y, sin embargo, se le exige descansar, aun cuando el cuerpo pida actividad. ¿Se comprende así lo que he querido decir de la dualidad?

En la tercera fase se eliminan toxinas, y eso incluye las tensiones físicas que han quedado pendientes de eliminar y también las emocionales. Las funciones excretoras se intensifican; se eliminan fácilmente cálculos, tanto biliares como renales y puede haber diarreas. Aparenta no ser agradable, pero tras esta fase uno se siente espléndidamente bien, relajado y revitalizado. 

La salud mejora visiblemente. La dualidad da paso a otro punto de vista: que el cuerpo está funcionando al cien por cien, lo que quiere decir que su velocidad biológica es normal. Un cuerpo lento (en reaccionar) tiene dificultades para eliminar las toxinas. 

Todo depende de cómo se mire, desde la posición de civilizados o de la de seres que funcionan al ritmo de la naturaleza. Ese ritmo son las fluctuaciones, los vaivenes. Pero lo que se desea es no sentir nada; esa es la preocupación universal. A mí, en cambio, me preocupa estar demasiado tiempo sin sentir como dije en la primera parte del artículo. 

Nuestra civilización, no obstante, progresa tecnológicamente. Pero existe una falla: considerar al ser vivo como a una máquina. Se perfecciona el funcionamiento de esta última, aplicando unas reglas que la mejoran. El ser humano, como ser vivo, está sujeto a las reglas de la naturaleza. ¿Cuáles escoger? Depende de la orientación, aunque yo no escojo ninguna; dejo que las reglas de la naturaleza operen en mí.



De no ser así, no es posible saber si uno se ha orientado correctamente o no. Las reglas que predominan son metódicas, pero aun cuando se basen en métodos naturales, les ocurre como al regaño reiterado a los niños. Pierde eficacia si se repite demasiado, tal como señala Mº Noguchi.

En cambio, la regla natural de la sensibilidad conlleva un efecto creciente. Cuanto más azúcar más dulce. Solo que esta expresión no puede aplicarse a las reglas metódicas, frente a un ser humano. Como es sabido, practico y enseño las artes marciales, y cuando repito un tipo de entrenamiento (obligatorio), durante un tiempo, noto que me estanco. Entonces, dejo que sea mi cuerpo quien decida (por el deseo) qué hacer en los días subsiguientes.

Qué hacer para estar sano es lo mismo, aunque parezca más complicado. El cuerpo tiene sus propias reglas, todas ellas las de la naturaleza. Despertar, desentumecerse, regularse, limpiarse, son algunas de ellas, y todas con un denominador común: vivir. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

Generalidades previas a los Taiheki

"Si miramos hacia arriba veremos las hojas, a los lados la sombra, de frente el tronco, pero la esencia del árbol está abajo, en las raíces"

Considerando el movimiento y la postura, como he venido insistiendo, antes que la conducta observable, hay pequeños detalles que destacan incluso al neófito, bien por reconocerlas en sí mismo o en alguien cercano a él. A fin de cuentas de lo que se trata es de ver cómo somos frente al espejo, no psicoanalizando hechos.

Es obvio que uno se rasca donde le pica, aunque otras cosas no sean tan obvias. Pero lo que importa aquí es que el suceso tenga fundamento. Si te pica la nariz no te rascas en la barriga. Y más importante es que este tipo de cosas no se hacen por un conocimiento adquirido, sino por instinto. Veamos algunos ejemplos.

Las personas con una acumulación de tensión en un lado del cuerpo, tienden a dormir sobre el lado contrario. O después de una comida copiosa uno duerme con las piernas abiertas. Las personas con una excesiva actividad cerebral ponen las piernas en alto cuando se sientan para descansar.

Otra costumbre es la de estirar las piernas, sentados en una silla, empujando el respaldo con la espalda, lo cual suelen hacer las personas que tienen una inclinación del cuerpo hacia delante, lo que veremos después con más detenimiento. Otras personas caminan meneando las nalgas, debido a un movimiento de torsión de la cintura; por esa misma razón, cuando duermen, tuercen el tronco al revés que en la actividad diurna o cruzan las piernas.

Estas cosas se deben a la actividad del sistema motor extrapiramidal, la finalidad es aliviar la tensión, según la zona en que se acumula. Se regulan, por así decirlo. Las personas sobreexcitadas, por la causa que sea, se lamen el labio con insistencia.

Asimismo, cabe mencionar que las personas de movimientos rápidos o lentos, tienen una respiración más rápida o más lenta. En cualquier caso, hay que considerar que el movimiento inconsciente nunca está ausente, ni siquiera dentro del movimiento consciente. Pero también hay que tener en cuenta al hábito que surge del cuerpo.

De hecho, cuando hay cambios corporales hay también cambios en la manera de hacer las cosas. Por ejemplo, si uno está tenso o relajado no tiene el mismo efecto al conducir, o tal vez al pintar un cuadro o simplemente al tratar con un problema.

Si una persona vomita por comer algo en mal estado, entonces debe considerarse igualmente tal suceso como un movimiento (involuntario) que tiene una finalidad: la de eliminar algo, lo cual no puede hacerse estáticamente. El asunto estriba en que algo así también forma parte de los hábitos del cuerpo, en este caso saludables.

Las personas con torsión, siguiendo con los hábitos del cuerpo, suelen mover un brazo más que el otro o una nalga más que la otra; si menciono esto es por hacer otra alusión a la parte inconsciente del ser humano. Las personas que sienten la necesidad de hacer algo, sin darse cuenta, cruzan las piernas estando sentadas. Acaban levantándose, si por ejemplo están en la sala de espera del dentista.

En general, de lo que se trata es de comprender los hábitos que subyacen en el movimiento. Incluso un catarro está sujeto a este hecho. Sirva de ejemplo que uno comienza a tener un dormir agitado poco antes de acatarrarse, lo que acontecerá si la agitación previa no ha sido suficiente para liberar las tensiones acumuladas. Y hay más: que el mero hecho de enfermar es, ciertamente, un movimiento dirigido a la salud, mediante la autorregulación (involuntaria) del cuerpo; el dolor es igualmente un movimiento de algo que está vivo. O los cambios de temperatura o cualquier acontecimiento del cuerpo.

El movimiento, tome la forma que tome, es un hábito corporal o Taiheki. Surgen unas tendencias y un tipo de reacción a las fluctuaciones de la energía, dependiendo de la sensibilidad. Noguchi hizo, a este respecto, una clasificación de los movimientos que dan lugar a pautas de comportamiento. Estos movimientos son: vertical, lateral, antero-posterior, de torsión, y de abrir o cerrar la pelvis. A su vez, estos cinco movimientos se dividen en "tipos impares" que derivan de un exceso de energía y "tipos pares" que derivan de un déficit, debido precisamente a las fluctuaciones.

No obstante, todo el mundo presenta ascensos y descensos de energía, se trata pues de propensiones.

Cada tipo de movimiento revela, además, dónde se coagula la energía (punto de fatiga) y a qué órgano o sistema afecta. Así pues, en el movimiento vertical la energía se coagula en el cerebro; en el lateral se coagula en el sistema digestivo, en el antero-posterior en el sistema respiratorio, en el de torsión en el sistema urinario, en el de abrir o cerrar la pelvis la energía se coagula en todo el cuerpo, lo que se determina por la contracción y la relajación, así como por la rapidez con que se lleva a cabo.

A veces, durante una charla, los asistentes se asombran de las coincidencias entre lo que se dice y lo que ellos han observado en la vida cotidiana. "Oh, es mi hermano, mi amigo, mi jefe...".

Hace poco, hice una descripción de un tipo concreto de movimiento. De repente una mujer me interrumpió preguntándome que si ella era de ese tipo. Le dije que era precipitado afirmarlo y continué con lo que estaba explicando. "Soy yo, soy yo", volvió a interrumpirme. Lo cierto es que llevaba algo de razón a pesar de todo. Es pues normal que también a ti te suenen las cosas que aprenderás en las páginas subsiguientes.

Imaginemos la utilidad de saber por qué nos comportamos de determinada forma o por qué los demás hacen lo que hacen, a veces, ante nuestro asombro o disgusto. De lo que se trata es de volvernos conscientes; siendo que lo que impera en la sociedad es la inconsciencia creciente, uno llega a no saber si vive o dónde queda su nariz, solo hay que recordar lo que conté al principio de aquellas personas que no lograban localizar su plexo solar.

En la frenética vida moderna, únicamente se oye un murmullo de voces, un diálogo interno que no parece cesar nunca, y un mar de prejuicios que nos hunden en la miseria emocional, una falta de sensaciones que nos obnubila.

Si acaso queremos bucear en el océano que nos permita distinguir el iceberg por completo, es preciso descartar modelos conceptuales universales. Digo esto, porque a simple vista la clasificación de tipos de movimiento puede parecer uno de esos modelos, pero en este caso existe una diferencia de enfoque.

No se trata de acoplar un modelo a un individuo, sino de ver la relación razonable que existe entre ambos. Es el individuo lo que se observa y no el modelo o tipo al que se supone que pertenece. Si se fuerzan los hechos a las teorías nos podemos encontrar con un cuasimodo de mala ciencia.



En el libro viene, al final de cada Taiheki, un resumen o epílogo de cada grupo y tipo (1, 2, etc.,), de lo cual añado aquí unos pocos detalles:

Vertical

Movimiento ascendente.
Coagulación de la energía en el cerebro.
Descarga cerebral.
El movimiento depende de la primera vértebra lumbar.
Descarga el peso sobre la punta de los pies, en la base del pulgar.
Carece de fuerza en la pelvis.

Lateral

Movimiento lateral.
Coagulación de la energía en el sistema digestivo.
Descarga digestiva, sentimental.
El movimiento depende de la segunda vértebra lumbar.
El peso queda en un lado, tanto en los dedos como en el talón.

Antero-posterior

Movimiento hacia delante y atrás.
Coagulación de la energía en el sistema respiratorio.
Descarga en los pulmones y actividad.
El movimiento depende de la quinta vértebra lumbar.
El peso se sitúa en la punta de los pies y los talones, tipos 5 y 6.

Torsión

Movimiento de torsión.
Coagulación de la energía en el sistema urinario.
Descarga por la competición.
El movimiento depende de la tercera vértebra lumbar.
El peso recae sobre los dedos de un pie y sobre el talón en el pie contrario.

Pelviano

Movimiento de abrir y cerrar la pelvis.
La coagulación de energía no es sobre un área, sino en todo el cuerpo.
El cuerpo entero se tensa o relaja a partir de la pelvis.
El movimiento depende de la cuarta vértebra lumbar.
Descarga instintiva y sexual.

Sensibilidad

No existe coagulación fija en un área determinada.
El movimiento y la postura son variables en el tipo 11 o hipersensible.
El tipo 12 es insensible a las oscilaciones.
Ambos son estados de hipersensibilidad o de insensibilidad.

Extracto del libro: "Taiheki. El dilema del comportamiento humano y el exceso de energía"

domingo, 3 de mayo de 2015

Taiheki. El dilema del comportamiento humano y el exceso de energía

Este es un breve extracto de mi libro: “Taiheki. El dilema del comportamiento humano y el exceso de energía”, un paradigma diferente sobre el modo de actuar de cada individuo.

Siendo que el comportamiento y la energía van de la mano, con respecto al ser humano, la sucesión de tales eventos ha de contemplarse también en el marco de las variables, es decir, de las fluctuaciones, y la energía es el núcleo del movimiento.

Las fluctuaciones están en la naturaleza, en la vida, diría incluso que la vida es fundamentalmente eso: fluctuaciones. Eso son las estaciones, las mareas, el clima, el día y la noche, etc. Pero lo que más nos importa ahora son las fluctuaciones en el marco del comportamiento, tomando como base el ánimo.

Las fluctuaciones, en este sentido y de un modo resumido, nos indican las variaciones de tensión y relajación. Tanto una como la otra suceden en lapsos de tiempo que se repiten, por consiguiente hay periodos en que se tiende a la tensión y otros a la relajación. Es algo absolutamente normal. El estado de ánimo deriva de esto, y el hecho de que en un periodo el estado de ánimo sea bajo y en otro alto es también normal.

El ánimo sube junto a la energía, de modo que uno está, no solamente animado, activo y pletórico, también a veces irritable, pero si baja uno se encuentra desanimado. Sin embargo, es fácil poner etiquetas que apunten a lo definitivo. Es fácil entonces ser una persona depresiva, hipocondríaca o nerviosa quizá, etc.

Es como querer congelar el ánimo, mantenerlo en un frigorífico en unas condiciones de permanencia que no existen. Aparte, también hay variaciones en el apetito, el sueño, los deseos, el interés por algo, la concentración, la atención, el rendimiento, el estudio, la inteligencia, las preferencias, etc. Pero observa a tu alrededor que hay contrariedades que superan la lógica y derivan en paradoja.

Cuando uno está en un periodo activo debería aprovecharlo para hacer muchas cosas que desea hacer y cuando está en declive debería aprovechar para descansar. ¿No es así? Pues no tanto como parece. Cuando uno está en un periodo de actividad cree que debería descansar, y cuando está en un periodo de inactividad cree que algo le pasa y que debería reaccionar.

Así, las fluctuaciones se convierten en posibles anomalías. Pero comprender las fluctuaciones nos va a liberar de preocupaciones innecesarias, aceptarlas supone liberarse de ciertas anomalías definitivamente. Es como utilizar las fluctuaciones con la finalidad propia de crear armonía en los quehaceres y en el sentir de la vida. En realidad se trata de permitir que la energía fluya.

Gran cantidad de problemas se evitarían en el contexto laboral, escolar, familiar, etc., si se admitiera que nadie puede rendir siempre igual, que nadie puede estar siempre contento, ni inteligente, ni eficaz, ni simpático, ni un etcétera prolongado. Ni tampoco lo contrario de estas cosas. Si un niño no rinde en el colegio, entonces es un perezoso, si un adulto no rinde lo mismo que siempre en el trabajo se ha vuelto un vago. Incluso si un hombre no rinde lo mismo en el sexo es que se ha vuelto impotente.

En definitiva, tenemos que comprender la relación entre tensión y relajación. En cualquier caso, la falta de comprensión no hace más que acumular una energía que ha dejado de fluir, al menos correctamente. Las tensiones se acumulan en un punto crítico de exceso que afecta a partes concretas del cuerpo humano, y que se observan en la postura y el movimiento.

El movimiento, tome la forma que tome, es un hábito corporal o Taiheki. Surgen unas tendencias y un tipo de reacción a las fluctuaciones de la energía, dependiendo de la sensibilidad. Haruchika Noguchi hizo, a este respecto, una clasificación de los movimientos que dan lugar a pautas de comportamiento.

Estos movimientos son: vertical, lateral, antero-posterior, de torsión, y de abrir o cerrar la pelvis. A su vez, estos cinco movimientos se dividen en «tipos impares» que derivan de un exceso de energía y «tipos pares» que derivan de un déficit, debido precisamente a las fluctuaciones. Es algo que cualquier persona puede comprobar si observa que, por ejemplo, unas personas caminan elevando los talones, otras en un balanceo de izquierda a derecha, otras inclinando el tronco hacia delante o atrás, etc.