Mostrando entradas con la etiqueta vacío mental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacío mental. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de febrero de 2019

¿El mundo ha muerto?

Se puede vivir de diversas formas, pero solo si existe una pulsión, una vibración interior, se puede uno considerar vivo sin reservas. Ese vibrar es una especie de diapasón que suena, revelando que estamos vivos. Sin embargo, los diapasones vibran cada vez menos, el mundo que nos rodea ya no parece tan vivo como antes; uno se pregunta si acaso el mundo sensitivo está en su lecho de muerte.

Quién sabe, aunque el proceder humano lo pone de manifiesto. Este se compone de superficialidad e insensibilidad. Desgana por descubrir, experimentar, crecer, pero rendido a la voluptuosidad del automatismo, a la inercia de la normalidad, del tedio, del deleite insulso, del letargo. En el peor de los casos, uno se identifica con todo esto al punto de salvaguardarlo como un derecho legítimo del que se benefician los voraces artesanos de regir el mundo. 

En realidad, es una necesidad ante la falta de vitalidad. La mente está ocupada, hoy más que nunca, en enredos sintácticos. Gobernada, además, por el hechizo de los medios que inducen apatía disfrazada de diversión. O normalidad, de seguridad. O incluso sueño, de despertar. En cualquier caso, uno vive en el interior de un cómodo capullo de seda, dispuesto a consumir años, no vivirlos en consonancia con las demás especies y con esta tierra que nos acoge, no para dormir, sino para despertar.

Las plantas, los árboles, todas las criaturas, están viviendo una vida que sucede de forma natural, espontánea, mientras que un excesivo porcentaje de nosotros, los seres humanos, solo tenemos ambiciones y figuraciones de cómo ser felices y vivir sanos. Pero lo que resulta es la pereza y el embotamiento. Se vuelve uno adicto a todo aquello que le evite la pulsión para vivir con plenitud. Porque, o no se conoce lo que es o en caso contrario hasta da miedo.


Se necesita aliviar el tedio que resulta de la falta de pulsión, de malvender la atención, y de sentirse seguros entre iguales. De ahí el fenómeno más infecto en la historia humana, el móvil táctil, en avenencia con videojuegos, deportes o actividades aglutinadores de masa, y redes sociales, una revelación de nuestra era, asimismo aglutinadora, en la que el sucedáneo es lo real, al igual que en todo lo demás.

Lo abraza todo, ya sea el café, la comida, la música, la ropa, etc., incluso cosas que antaño tenían valor. En el peor de los casos, el propio ser humano. En cuanto a valores, basta con fijarse en la falta de honor y de compromiso. Recuerdo que hubo una época en la que había mucho entusiasmo para hacer cualquier cosa, como practicar las artes marciales. De un día para otro podía reunir a una veintena de personas únicamente con el “boca a boca”. 

En cambio, ahora, con tantos medios de comunicación, un encogimiento de hombros responde desde el letargo. O voces fachosas que tratan de justificar su pereza ponzoñosa. O su suspicacia, quizá. A no ser que, como digo, se trate de estar en boga con lo masificado que evite el estar cara a cara con uno mismo y/o con unos pocos amigos con los que compartir lo esencial de la naturaleza humana.

El sucedáneo conlleva, al mismo tiempo, una distorsión, un desvirtuar que destruye la pureza o esencia de las cosas, incluso de algo tan puro como es el Zen. A lo sencillo, como es vaciar la cabeza (meditar), se le pone un envoltorio a la moda, sobrenombres, mezclas, pingües finalidades que desplazan a la vital “no finalidad” del Zen, etc. Mirando, por ejemplo, de cerca el movimiento regenerador o Katsugen Undo, no veo ya la pureza que aprendí, ni tampoco en las artes marciales. A veces, ni es posible saber qué está uno viendo.

Es esta una era abstracta de ideas y finalidades, sin percibir ese mundo que llamamos real. No hay sensación. Sin embargo, es esta la que me induce a saber quiénes tengo delante. Por ejemplo, cuando alguien viene a practicar el Katsugen, sé si es un catador de métodos, un peregrino de terapias o un coleccionista de conocimientos, y cuánto tiempo va a permanecer y me va a hacer perder a mí.


En las artes marciales ocurre lo mismo; uno comienza por estar en forma, ser más fuerte, superior a otros, por entretenerse, etc. Pero antes o después las finalidades se debilitan y nada queda. No se comprende que en la no finalidad se halla la pulsión, la vibración; que recorrer el camino es lo que nos llena, que existe una plenitud en caminar y no en llegar a ninguna parte, si bien caminar con flojera de temperamento no es ni siquiera posible. La actividad se empobrece y el conocimiento se muestra frío; a veces, altanero.

El conocimiento está canalizado a lo consciente. Se consume igual que la comida en un plato. Pero si el conocimiento no penetra el subconsciente, no hay nada que hacer. Tampoco, si uno no está dispuesto a valerse por sí mismo. Esto último es lo que trato de enseñar a los que me piden ayuda, aunque solo será posible a través de la relación entre consciente y subconsciente. Pero se vive en un ambiente de dependencias difícil de abandonar. Por miedo, por indolencia, por convicción..., da igual.

No es fácil comprender con la cabeza llena de ideas. El progreso aporta muchas de ellas, la medicina de salud, la política de seguridad, la religión de esperanza, etc. Pero no está uno satisfecho, la necesidad aumenta. Nos preguntamos entonces si existen otros caminos, algo que nos conduzca directamente a nuestra naturaleza esencial, sin condicionamientos. Desde luego que sí, pero con la condición de saber cribar.

La pureza lo es todo, creo suponer, pero no está casi en ninguna parte, ni aun en la ciencia, una vez que se tiende al mercadeo y al privilegio, fuera de la espontaneidad de la vida. Ni en la filosofía, que hoy en día alcanza a todo el mundo, facilitando la enredadera de palabras cuando no hay práctica ni experiencia alguna.

La pureza, en sí, conlleva el desprendimiento de ideas, de finalidades. Pero la pureza pasa también su factura, los comprometidos con ella somos relegados y nada más lejos que ser profetas. De nuestra tierra, ni por asomo. Personas que me tienen a su alcance pasan por delante de mí en un “estado de coma sensitivo”. Lo entiendo, no es tan fácil tener el sexto sentido de un gato que estimule a interesarse por la vida plena.



Quizá por eso, en un hálito de pureza, de compromiso y honor, poco a poco, me he vuelto cada vez más al espíritu del samurái, como una especie casi extinta, pero que es para mí un pilar de sostén en mi sobrevenir por este mundo de apariencias, cada vez más aparentes. Es el símbolo de la pureza de la que hablo y de lo que trato de hacer. En todo caso, uno mismo es la raíz de todo, por lo que veo necesario experimentar quiénes somos y no somos, por qué nacemos y morimos.

Es fácil que el viento nos lleve a donde no se espera, sin saber lo que uno quiere ni a dónde va, y sin darse cuenta tampoco de que en el letargo se esconde cierta cobardía. Por eso, muchas personas se vuelven alcohólicas o narcodependientes, también perezosas, sin duda insensibles, pero las cosas y situaciones que anulan la sensación plena de vivir son ya una miscelánea sin, probablemente, una vuelta atrás. 

Aún con todo, unos pocos tendrán esa sensación, como cuando la lluvia cae sobre el rostro de uno; es un instante en el movimiento eterno del Universo. Nacemos en un instante semejante, morimos en otro igual. Lo que importa, pues, es la vida que se revela en la naturaleza. Es una vida plena, dando todo y sin reservas de nosotros mismos.

Esto es lo que importa en un mundo vivo, mientras que en el letargo importa más la longevidad, como un irónico recurso para prolongar una fútil existencia en un mundo medio inerte. Este se contenta con impresiones mentales sobre la vida, las cuales tienen poco valor ante la inmensidad de existir, lo que no es otra cosa que sentir.

En ello se halla una presencia de espíritu, vitalidad y consciencia; un temple desprendido de agitaciones vanas, sosegado, joven hasta el final, con un ánimo independiente de lo que suceda alrededor. Libre de embotamiento, de inercia, de apatía, como un águila que cruza los cielos lentamente, deteniéndose, en un alarde de atención plena y sentimiento puro.

Temas relacionados: "Tiempos de soma" 

domingo, 28 de octubre de 2018

Una realidad diferente: la concentración

Una realidad es “realidad concreta”, lo que quiere decir que no existe “la realidad” universal; se puede salir de una realidad y entrar en otra diferente. Todas las realidades dependen de la dimensión espacio-tiempo, porque pueden ser alteradas. Esto permite que uno pueda salirse incluso de sus dificultades y sinsabores.
  
Dogen, el maestro precursor del Zen en Japón, habla del Ser-tiempo. Somos el tiempo de vida, el tiempo empleado en tomar consciencia de vivir.  Chuang-Tzu soñó que era una mariposa y solamente tenía consciencia de mariposa, no de hombre. Al despertar, dudó de si era un hombre que había soñado ser una mariposa o si era una mariposa que ahora soñaba que era un hombre. 

No se trata de tomar literalmente la posibilidad de no distinguir entre lo que llamamos sueño y lo que entendemos por realidad. Sin embargo, las capacidades de una persona pueden verse modificadas en determinadas circunstancias. Una persona tiene una fuerza limitada, pero de repente esta se le multiplica. O al contrario, se le resta. 

Existen infinidad de casos como el de una mujer mayor que levanta un pesado mueble para sacar a su nieto de debajo; tiene ochenta y cuatro años y le cuesta normalmente levantar una silla. Un hombre, también mayor, bate el record de velocidad para coger a otro niño a punto de ser arrollado por un coche que recula sin ver al niño. Es diferente a cuando una persona, en estado de pánico, pierde sus fuerzas. ¿Y a qué se debe este fenómeno?

Es la concentración, la cual se entiende como un proceso mental, pero yo hablo de la concentración del ki o fuerza vital en un punto concreto. Esto es solo posible a través del vacío mental y la respiración. En cuanto al vacío, suelo decir que en los momentos críticos hay que procurar que el pensamiento no sea un estorbo. 



En las artes marciales, el oponente representa un obstáculo, pero en realidad este es el propio pensamiento. Por eso al practicar pido moverse sin mente. Esto es posible gracias a que el tiempo es relativo y puede ser modificado, tanto como las capacidades humanas. Se puede dudar de esto, pero muchas veces, cuando parece que voy a recibir un golpe es mi oponente quien lo recibe. El tiempo se ha modificado a mi favor.

La respiración es la manera con la que se logra el vacío mental, y despertar el sistema motor extrapiramidal. Con ese despertar el cuerpo funciona a la velocidad adecuada y con las capacidades adecuadas, tanto si se trata de la salud, como de la reacción ante cualquier peligro. 

Lo que llamamos reflejos es una reacción, pero es preciso distinguir entre reflejos condicionados y reflejos autónomos. Los primeros surgen de la repetición, pero pueden volverse en contra; por ejemplo, al reaccionar ante una finta (en las artes marciales). Cuando se reacciona verbalmente contra una persona es un ejemplo de lo mismo y eso hace que muchas veces metamos la pata.  

Los reflejos autónomos son reflejos puros, que son puestos en marcha por nuestra propia naturaleza. Estos son los que en verdad nos mantienen saludables, los que nos hacen reaccionar ante cualquier evento con una eficacia impensable. Los que velan por la supervivencia a todos los niveles, los que modifican la noción del tiempo y de la fuerza; solo que en el hombre civilizado se encuentran como embotados. 

Esto se nota también al conducir. En mi caso, mis reflejos son bastante altos. En una ocasión giré rápido el volante hacia la izquierda, para evitar colisionar con un vehículo que se saltó un semáforo a mi derecha. Pero entonces un vehículo se me echó encima por la izquierda y tuve que esquivarlo otra vez hacia la derecha. El primer vehículo frenó y se paró, teniendo que volver a la izquierda. 

Todo salió bien, aunque parecía imposible. Una taza de café salta por los aires, el plato en una dirección, la taza por otra, la cucharilla por otra, pero alguien recoge las tres piezas en el aire, girando en diferentes direcciones, lo que parece más imposible aún, igual que caerse de cierta altura y ser capaces de decidir dónde agarrarse sin que haya tiempo para eso. O que tal como se está formando una anomalía en el cuerpo, este busque neutralizarla de idéntica manera.



El reflejo autónomo puede restablecerse, no obstante, a través del movimiento precisamente autónomo, y es por eso que el Katsugen Undo resultar ser un no hacer. Es así, porque con la respiración se estimula la actividad extrapiramidal. La práctica grupal, vista desde fuera, parece un concierto de bostezos, moqueos, suspiros…, que son signos de actividad autónoma.

La concentración surge espontáneamente. Después, relajación y calma, es el indicativo de que todo ha ido bien. De que no haciendo nada hemos cruzado el umbral de otra realidad posiblemente más natural y perfecta que ninguna otra. El adormilamiento da paso a la concentración. 

martes, 9 de octubre de 2018

Tenshin Go So

"El hombre debe ponerse a la altura del Universo en cuestión de armonía, cualquier otra especie lo está desde el principio”

Más allá de las técnicas, por encima de victoria o derrota está la armonía. Sin embargo, estamos faltos de ella, al igual que de concentración, pues la mente se mantiene dispersa a lo largo de toda una vida, entre lamentos, desconciertos, teorías, complicaciones, problemas y remedios que resultan ser los peores problemas. En lo que concierne a las artes marciales, la falta de armonía elimina su esencia y también el arte.

La armonía es un estado de no enfrentamiento (psicológico) que sin embargo nos evita la derrota. El Universo siente, el hombre siente. El Universo se mueve, el hombre se mueve. Por eso debemos movernos, hacer… en armonía con lo que nos rodea. Pero es la verborrea mental, que no cesa, la causa principal de desarmonía. Las palabras ocupan el mayor espacio en la mente, pero las palabras mienten y por eso podemos abrirnos a una realidad superior a la de las palabras: el sonido puro. Es un instante de no decir nada, de no pensar en nada y de entregarse a fondo.




Describiré un poco la práctica del Tenshin Go So, en la cual se utiliza la palabra en forma de sonido primigenio. Seguramente recordaremos aquellos primeros días en el parvulario aprendiendo lo esencial: el "a, e, i, o, u". Pues bien, eso es lo que vamos a hacer, regresar al parvulario. Al de la concentración y la armonía.

Se trata de entonar las vocales A, E, I, O, empezando y acabando en AUM. Es una práctica especial, cuyos sonidos se recogen en el ancestral Kotodama, que significa "palabras sagradas". Sin embargo, lo sagrado no está en un orden metafísico, sino en el instante de fusión con los elementos naturales; eso precisa de la existencia de un mundo interior de sensaciones vivas.

Por otra parte, antes de continuar, veamos el significado de las vocales en el contexto espiritual. A representa lo invisible del Cosmos. E lo creativo, I los fenómenos de la vida y O el final del movimiento que da paso al siguiente. UM o AUM representa el Universo infinito. Al mismo tiempo las vocales representan a los cinco elementos.

De la misma forma se necesita concentración, pues vocalizar, ejecutar movimientos y repetirlos mecánicamente no sirve de nada. Así que manos a la obra...

La condición es mantenerse relajados, escogiendo un lugar apropiado... al aire libre, dependiendo del lugar en que uno se encuentre. Si tienes la ocasión de subirte a un cerro, o al pico de una montaña, aprovechando una excursión, mejor que mejor. El estómago debería estar vacío, asimismo. 

Por lo demás, únicamente hay que pronunciar las vocales, procurando que el aire inspirado emerja de la parte baja del abdomen (por debajo del ombligo), por lo cual la respiración ha de ser abdominal. La pronunciación va acompañada de los movimientos que describiré a continuación.











Partimos de una posición erguida con los pies juntos, mirando al frente. Las manos se enlazan, igualmente al frente, de manera que la izquierda nos quede por encima de la derecha, con los pulgares recogidos. Se comienza entonando "Ummmmmmmm... Fig. 1

A continuación se separan las piernas (se desplaza el pie derecho hacia la derecha), adoptando una postura del doble de anchura de los hombros, aproximadamente, y con los pies mirando hacia fuera. 

Al mismo tiempo, el tronco y la cabeza se inclinan hacia atrás, mirando al cielo. Los brazos se separan hacia los lados y las palmas de las manos miran también al cielo. Fig. 2

Vocaliza el sonido: "Aaaaaaaaa...", de forma que su cadencia se alargue hasta el final del movimiento siguiente. La postura y la mirada se mantienen igual, pero los brazos ascienden trazando un círculo de fuera a adentro. Fig. 3

Aquí finaliza la primera vocalización. Acto seguido, el tronco se endereza, y se hacen descender los brazos, de manera que el círculo trazado es ahora de dentro a fuera. Se vocaliza: "Eeeeeeeee...". Fig. 4

Acto seguido, los brazos regresan al frente, formando con las manos un triángulo, juntando los índices y los pulgares. Fig. 5











Manteniendo la misma posición en las manos, se asciende frontalmente, de manera que el triángulo apunte al cielo volviendo a inclinar el tronco hacia atrás, y mirando al cielo. Se vocaliza: "Iiiiiiiii...". Fig. 6

Después se traza un círculo, de dentro a fuera, que desciende para luego ascender de frente con las manos juntas, por encima de la cabeza, como sosteniendo algo en ellas. Se vocaliza. "Ooooooooo...". Fig. 7 y 8

Se recoge la pierna y se juntan los pies, retornando a la postura inicial, entonando "Aummmmmmmm...". Fig. 9

Nota: las manos han de permanecer abiertas, con los dedos separados, excepto en los pasos 1 y 9, en los cuales se mantienen abiertas, pero los dedos juntos. Por último se repite el proceso entre tres y cinco veces.

En resumen, que uno grita al Universo y este le devuelve el eco, lo que supone mantener una relación sin igual. Sin embargo, la vía de comunicación es el interior; se da el caso de que el ser humano ha llegado a desconectarse de su interior, sustituyéndolo por otro externo, construido y contaminado. ¿A quién escucha uno? A sus voces compulsivas, a las de los demás, en un vivir de trivialidad y repetición.

Ver el video para apreciar mejor los detalles:

domingo, 30 de septiembre de 2018

Sakki, ki mortífero

El Sakki, por su semántica —ki mortífero—, aparenta ser más negativo que el anterior, Zyaki, pero no se trata de eso, sino de cómo el ki se involucra en el golpe decisivo. No obstante, es preciso conciliar la idea de ki mortífero con lo espiritual. Conviene recordar que antes hemos tenido que conciliar el vencer sin vencer o el combatir sin adversario. El sentido es el mismo y por eso la intención —deseo— de vencer o dañar no es sakki.

Igualmente ha de tenerse presente lo aprendido sobre la mirada, me-zen, puesto que el sakki se puede percibir en ella. Quienes me han conocido en combate dicen que tengo una mirada mortífera, pero les digo que no se han fijado en que también tengo una mirada dulce. Pero otros sí se han fijado, todo depende de la situación.

Del mismo modo, cortar el ki o hacer perder el ki del oponente requiere, por parte uno, de un ki decisivo, tanto que resulte mortífero, lo que no significa asesino ni violento. Si recordamos lo que conté de los motoristas que me rodearon, fue precisamente el sakki lo que los paralizó y evitó una pelea. Añado aquí que un testigo presencial sintió miedo.

"Con dieciséis años de edad, me rodearon unos matones dos o tres años mayores que yo; portaban las cadenas de sus motos. Uno de ellos me preguntó qué iba a poder hacer contra ellos, esperando así que yo me acobardase delante de otras personas que se hallaban allí. Sin miedo, les dije que me atacaran, si eso era lo que deseaban. Recuerdo que sentí como un cosquilleo en la espina dorsal y que no pensaba en nada. No hubo ninguna pelea, fueron ellos los que se acobardaron".

En otra ocasión, estaba con un par de amigos en un bar; recuerdo que fui al lavabo y al salir vi que un grupo de camorristas estaba burlándose de uno de mis amigos, quien era un poco flojo de moral. Le dije que no hiciera caso, pero ellos continuaron con sus burlas, pidiéndole que se acercaran para estirarle de las orejas. Entonces dije en voz alta: «iré yo la próxima vez que te molesten». Eran seis, pero huyeron a toda prisa.



No se entiende fácilmente este fenómeno, porque en realidad lo que ellos buscaban era una reacción vulgar, más o menos violenta, pero ahora sé que se encontraron con un ki mortífero que no esperaban. Lo percibieron en mi mirada y al mismo tiempo en mi calma. Les corté su ki y se les hice perder.

Cualquiera percibe el sakki de un oponente —son pocos los que lo poseen—, pero es aconsejable aprender si uno mismo lo posee. Eso no debe de confundirse con enojo, antipatía, ni bravuconería. Lo esencial a tener es cuenta es que nos enfrentamos al sakki del oponente antes que a él mismo y viceversa. Si uno tiene delante a un criminal o a un cobarde ratero, eso no quiere decir que posean sakki. Tampoco el oponente iracundo, por lo tanto tenemos que saber a qué nos enfrentamos. De nosotros mismos hemos de procurar, como he dicho, conciliar todo lo que se halle en el interior.

Sakki, ki mortífero es un apartado que pertenece al capítulo "Renovar la vía" de "La táctica sin táctica, La quintaesencia de las artes marciales".

martes, 4 de septiembre de 2018

El hara y la estabilidad

La estabilidad abarca diversos aspectos como la firmeza, la seguridad, el equilibrio, la salud, la quietud, incluso. Cuando se habla de estabilidad uno piensa en estabilidad laboral, financiera, de pareja etc., aunque esas pretensiones se ubican en el exterior a uno mismo.  

Algo habrá que hacer para conseguirlo o tener un golpe de suerte, quizá. Pero, ¿puede existir alguna clase de estabilidad sin una estabilidad emocional? Esta última no pertenece al exterior, sino al interior, solo que se cree que depende de lo que ocurre fuera de nosotros sin apenas reconocer que existen fluctuaciones.  

Una persona lucha contra el exterior si cree que este no le proporciona el equilibrio que necesita. Si se trata de la salud se buscan los mejores métodos para mantenerla, o se hacen previsiones para la supervivencia financiera. En el primer caso se debilita el cuerpo, en el segundo, el ánimo.

El hombre civilizado sublima, por encima de todo, la razón y el culto al plano mental. Sin embargo, toda teoría filosófica o científica no se adecúa siempre a una realidad tan “extraña” como la regida por la naturaleza.

Resulta extraña porque la naturaleza se mantiene estable dentro de sus fluctuaciones, al contrario que el hombre preocupado, inestable en su creencia de (falsa) estabilidad. La razón, la fuerza, el equilibrio, el saber incluso, se revela en la fisiología humana, aunque no en todos los casos de la misma manera.

La fisiología nos muestra dos figuras, una es un triángulo invertido, con un vértice tocando el suelo y la base arriba. El plexo está endurecido; también las vértebras y los músculos de la espalda. Sin embargo, el triángulo invertido es un símbolo que representa al atleta, al hombre de acción, la fuerza, el poder…



El hombre es movimiento, tal como la vida-naturaleza, el movimiento toma una dirección que puede ser hacia delante como el atleta; o hacia arriba, como en el caso de las personas de cuerpo delgado y estirado; o de lado como las personas de aspecto rechoncho. Igualmente, hacia atrás o como si se retorciera una toalla mojada.

La respiración es superficial y clavicular, el plexo está endurecido, la fuerza se concentra en la parte superior del cuerpo, los hombros; la energía asciende y se coagula en el estómago, los riñones, los pulmones y cerebro. Sirva de comparación el agua que hierve, o que cristaliza, se hiela o se condensa.

La falta de arrojo y ánimo se origina de esa manera, contando con una respiración floja. Se puede decir que el espíritu es flojo. En situaciones críticas esto se aprecia fácilmente; de hecho, en las artes marciales, si la respiración es superficial y uno se mueve como una peonza, los movimientos son torpes y no son decisivos.

En general, uno se mueve como una peonza (un símbolo de inestabilidad). El espíritu flojo se disimula a veces con arrogancia y bravuconería, pero es una forma vana (inconsciente) de ocultar el miedo, la falta de espíritu. Esa falta es una constante en el hombre civilizado, pero es a su vez creciente.

La otra figura es un triángulo con su ancha base afirmada en el suelo. La respiración desciende y es profunda. Mientras que el triángulo invertido sugiere la imagen de una peonza, el triángulo afirmado en el suelo sugiere un árbol enraizado en el suelo, una montaña, una persona que medita en la postura del loto. 


Es alguien que no necesita buscar la estabilidad que ya expresa su cuerpo y que se refleja en su estado mental, sin ir contra las fluctuaciones. Si el plexo se siente suave, eso indica que el diafragma cede, es elástico, y eso permite una respiración profunda. Si no es así se nota tensión en el plexo solar, así como el estado de intranquilidad al que me he referido.

En cualquier caso, lo esencial es no dejar que el diafragma sea una barrera. En cambio, dejar que la respiración se mueva libremente sin estancarse. La fuerza, el intelecto, el ánimo, se ubican en el hara, cuyo centro queda por debajo del ombligo.

La respiración crea la forma del triángulo, podría decirse. E igualmente se puede decir de una respiración Katsugen que surge espontáneamente. O el Gyoki del Seitai, es decir, la respiración ligada a la imaginación. Se trata de imaginar que respiramos por la espina dorsal. O a través de las manos en el caso del Yuki.

Se moviliza la atención y se deja que la respiración profundice. Con el Gyoki la intranquilidad (miedo) o nerviosismo desaparecen. O puede ocurrir lo inesperado: que las vértebras se vuelvan flexibles, que el cansancio desaparezca, que uno se sienta más joven, o que el cuerpo se reavive y el semblante cambie de color, etc. Pero no hay finalidad, nada que buscar.

Todo es secundario a hacer algo que es agradable. Pero tanto la imagen de un triángulo, invertido o no, como el decir que no existe finalidad, no encajan bien en el racionalismo, tampoco en el “antirracionalismo”. Ni en la gran diversidad de ideas complejas surgidas de la nueva era.

Se trata únicamente de acoplarse a la insondable naturaleza que uno mismo es. Se puede apreciar por lo tanto la serenidad que profesa el maestro de la ceremonia del té, o el maestro arquero de Kyudo que apunta al vacío de su mente. O el maestro de Zen que transmite sin palabras la belleza de un copo de nieve. O el que deja libre a su cuerpo durante el movimiento regenerador. O simplemente esa tierra que nos atrae hacia su centro.

En este estado, común a todos ellos: el de ser una naturaleza que respira, es cuando únicamente se puede percibir el poder de un triángulo enraizado en el suelo. De no ser sí, incluso las más puras tendencias espirituales no serán más que nubes. Energía que, en este caso, hierve en la mente de la teoría espiritual sin proporcionar base alguna.

Temas relacionados: Katsugen Undo, la práctica que restablece la salud y la serenidad/Taiheki, el dilema del comportamiento humano/La táctica sin táctica, la quintaesencia de las artes marciales.

domingo, 25 de febrero de 2018

La humildad de lo irracional

El paso de la existencia permite abrir un hueco en un punto ciego del pensamiento, en el sentido de percibir lo que hemos venido a hacer a este mundo: VIVIR. Es algo que hacen todas las especies de nuestro planeta sin un planteamiento utilitario, filosófico, documentado, ni aún menos metafísico.

Así pues, las diferentes especies concuerdan en el acto de vivir. Algo sencillo pero incompresible a los ojos de los hombres civilizados. La civilización, saturada de talento, queda inmune frente al exorcista más diestro, pese a que ya muchos sintamos el deseo de acudir a uno de ellos, apenas nos damos cuenta de que «vivir» se vuelve una cuestión de analítica empalagosa. Y mucho me temo que ese deseo lo sientan los niños cuando se les acerca el momento crítico de ser PROCESADOS en la industria de la razón humana. Pero vayamos al principio, es decir, a la asombrosa simplicidad.

Me encanta el raro proceder del maestro Zen que está subido en lo alto de un cerro. Unos caminantes se lo encuentran y le preguntan por qué razón se encuentra allí. Pero él no contesta. Entonces ellos le prestan sugerencias: «para admirar el paisaje, porque se siente a gusto, quizá por hacer ejercicio o respirar aire puro...». El maestro niega todas las razones disponibles. No está por ninguna causa propuesta. 

"Simplemente estoy aquí", declara al final. Está ahí sin pérdidas ni ganancias.

Numerosas personas podrán admitirlo con la condición de aplicarlo en chilindrinas de escasa importancia, pero en asuntos más serios el proceder escapa a un terreno más seguro, más analítico. El hecho de que la vida se valúe como SENCILLA puede causar cierta perplejidad al mecanismo complejo de la sociedad. Pero yendo más lejos, quitar importancia a los asuntos serios, entre los que también se encuentran las ambiciones tan bien atadas en el pensamiento, nos causa pavor. No veas si se nos ocurre situar a un ser irracional por encima del racional; te asegura un prócer de hereje o lunático. 

Aun con todo seré sincero apostando, no ya solo por perros y vacas, sino incluso por una ameba. Al menos, ni unos ni otros sufren en vano traveseando con las ideas y los dividendos; tampoco se vuelven comatosos con las distracciones, ni pierden la memoria visceral, ni malviven como nosotros. No pasan calamidades de índole sentimental tales como la violencia, la pobreza, la enfermedad, etc., requisitos sin los que la humanidad se vería condenada a regocijarse en una PAZ a la que se trata de esquivar. Quién sabe si por parecernos aburrida y terrible. Uno no podría ya quejarse. 


El caso es que si el raso acto de vivir parece poco racional por su sencillez, la paz se encuentra en el mismo punto de mira. Pero démonos cuenta de que no solamente por la simplicidad se distinguen de nosotros animales y amebas, también por HUMILDAD. No en balde domesticar a la naturaleza nos pone en trance de SOBERBIA, cuando humilde y fácil es seguir sus directrices. Sin duda, inteligente. Recordemos que lo que se nos pide es entereza y humildad...

No obstante, contra todo propósito de humildad, convence más la autodefinición de racionales contra la falta de inteligencia animal y así poder subestimarlos; pero lo que interesa subliminalmente es restar racionalidad a las personas que no opinan lo mismo que uno o que carecen de fe en lo preconcebido. Pasan a formar parte de las bestias. 

Ahora bien, estas no tropiezan jamás dos veces en la misma piedra a no ser que los hayamos domesticado tanto como a nuestros hijos. Ni mucho menos están en conflicto permanente como el ser humano, pero eso sí, a nuestros ojos son incapaces de distinguir el bien del mal. Y no pensemos solo en animales, pues cualquiera puede comprobar que el vecino con el que acaba de discutir tampoco distingue el bien del mal. 

Me pregunto, pese a todo, para qué le sirve a uno distinguirlo si escoja lo que escoja siempre lo llamará BIEN. El MAL lo atribuye a la oposición. ¿Acaso no se puede digerir la dualidad? Parece ser que no.... si es que se da el raro caso de intentarlo. Pero el asunto estriba en que si no se digiere no habrá UNIDAD. ¿Y qué dios va a dejarse ver por el mundo de las particiones?

Fíjate en los movimientos de rotación y traslación de la Tierra, en sus estrictas leyes naturales, las condiciones imponderables para la vida y un largo etcétera. Si cabe hasta que un manzano no se equivoque en dar sandías en vez de manzanas, por no hablar de la gestación de nuevos seres en cada especie. Pero hay que preguntarse con toda ironía qué importancia tiene eso comparado con la informática, la arquitectura, la automovilística y otras cosas a las que no pretendo quitar importancia, desde luego. 

Media hora antes de escribir estas líneas he visto sorprendido un ratón saliendo del enrejado estrecho de una alcantarilla. Lo primero que ha sacado es el trasero, lo cual me ha parecido lógico puesto que es su parte más gruesa. Si consigue que su trasero pase las rejas el resto del cuerpo lo hará sin dificultad. Ignoro si habrá alguna razón en boca de los científicos, pero me quedo con el hecho visible ante mis ojos: la humildad de lo irracional.

Y hay más cosas irracionales, como llamar MADRE a la Tierra o AMIGO al dios que todos temen o ignoran. Es que la sociedad no está para amigos imaginarios y madre no hay más que una: el SISTEMA que clasifica las especies, a su antojo, sin tener en cuenta su EXISTENCIA. Da igual si es social, administrativo, científico, corporativo, religioso, educativo, etc. 

Si el hombre sabe vivir es ya otra cosa. Resulta difícil vivir mientras uno se asfixia atrapado en los sistemas que él mismo ha creado. Claro que no se trata de prescindir de lo imprescindible; basta con ser capaces de corregir lo que no funciona, lo cual es un acto de humildad, además de inteligencia. 

A fin de cuentas, los dramas y tragedias que padecemos no corresponden a la ciencia ficción, sino a la ignorancia, la soberbia y el miedo, justo los visados que se necesitan para vivir en un infierno como el nuestro. Pero imaginemos qué nivel de INEPTITUD se necesita para poder transformar un paraíso en infierno. No está al alcance de cualquiera que no sea humano. Sin embargo la AMEBA es, contra todo pronóstico, un "inteligente antepasado"; si continuamos viviendo es gracias a no haber perdido del todo el contacto ancestral con ese ser tan especial.

Del libro: “Un dios en el bolsillo