jueves, 6 de diciembre de 2018

Contraer, relajar

Existe una diferencia entre estar tensos o relajados. Las tensiones son reacciones a situaciones a las que suponemos que requieren de un esfuerzo. Pero ese esfuerzo nos debilita; en realidad, el exceso de fuerza física y mental nos debilita. Sin embargo, relajarse no es quedar embotado por una larga siesta o un calmante.

Relajarse es algo tan sencillo como no tensarse (en exceso). Pero para poder comprender esa sencillez es necesario saber qué estamos pensando. Si mis pensamientos me provocan tensión no podré relajarme, de modo que es esencial dejar de pensar en esas cosas al instante.

El cuerpo se pone tenso y rígido con facilidad ante cualquier eventualidad. Por otra parte, es fácil creer que un despliegue de fuerza nos hará más fuertes, pero no es verdad. En la práctica de las artes marciales, suelo explicar esto con ejemplos prácticos como lo que sigue:

Si alguien sentado en suelo está tenso y se resiste a que otra persona lo levante del suelo, cogiéndole de las axilas, será levantado con facilidad. En cambio, si se relaja no se le podrá levantar tan fácilmente. Si son dos las personas que tratan de levantarnos, la diferencia será la misma. Nos levantarán si estamos contraídos, no podrán hacerlo si estamos relajados.

Si se nos empuja será difícil resistir el empuje contrayéndonos y elevando los hombros, pero, relajados y con el peso del cuerpo bien distribuido, resistimos sin problemas cualquier empuje. Sin embargo, solo es posible relajarse respirando larga y profundamente, vaciando la mente. 



Esto es lo mismo que utilizar el ki o fuerza vital, sin más misterio que la naturalidad de estar relajados y libres de basura mental, con la atención puesta en el bajo vientre, procurando no ejercer fuerza alguna con los hombros. Es, sin duda, superior a cualquier clase de fuerza.

En la vida cotidiana, un problema equivale a cogernos y pretendernos levantar del suelo. Igual que un ataque verbal, un momento crítico, la toma imprevista de una decisión, o cualquier situación de miedo. Si se tiene miedo el cuerpo se contrae tanto que se vuelve frágil en favor de fuerzas opuestas; la mente queda colapsada.

Cuando nos sentimos enfermos también nos contraemos y lo que sentimos se prolonga e intensifica. Por todo ello, es importante ser capaces de relajarnos ante cualquier circunstancia y tratar de tomar esa actitud como costumbre. Recuerdo los días en los que uno de mis maestros, ante cualquier dificultad que yo tenía, me decía: “Relaja”. En aquel entonces, no me explicaba nada más.

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