sábado, 13 de febrero de 2021

Lo normal en la naturaleza

Los seres vivos son autosuficientes, de no ser así no habríamos podido sobrevivir desde la prehistoria, pero conforme nos hemos ido civilizando, el progreso ha ido ejerciendo una fuerza contra natura. Uno se ve débilmente expuesto a la enfermedad; entonces, la lucha contra la enfermedad se adopta como recurso soberano del progreso. Pero el enemigo no es la enfermedad, sino la actitud que vuelve al cuerpo anormal.

Lo normal en la naturaleza es algo que en el mundo civilizado no se concibe, y es que un cuerpo vivo pierda de vez en cuando el equilibrio debido a las fluctuaciones y que cuando eso ocurre hace un esfuerzo para recuperar el equilibrio, de modo que la enfermedad es exactamente ese esfuerzo. Es lo mismo que tener sed o hambre, es desagradable, pero beneficioso. 


Uno debe tener fuerza de voluntad para recuperarse, pensamos, de ahí la lucha, pero lo que subyace en ello es negatividad y miedo. Esa voluntad no puede surgir con miedo ni con un cuerpo que se ha vuelto anormal, lo que quiere decir que se ha vuelto insensible y falto de reacción a los sucesos que afectan al cuerpo y por eso el suceso se presenta a veces grave.

Así que la voluntad de recuperarse debería consistir en devolver al cuerpo su sensibilidad, su capacidad de reacción y por ende su autonomía. La mera lucha contra lo que consideramos malo conduce a que las enfermedades se vuelvan más serias en la mente y cuando esto ocurre es ya difícil volver atrás. La atención queda atrapada en el fango.

La atención no es algo visible, no se puede probar su existencia por medios físicos en un laboratorio, pero es un imán producto de la condensación de la energía en un punto al que se ciñe. Puede ser positiva si, por ejemplo, uno la pone en lo que desea hacer o negativa si es en el problema. Si se pone en la salud cuando uno se encuentra mal esta resurge por su natural, pero si se pone en la enfermedad es esta última la que domina la situación. El ki o energía se colapsa, uno se debilita.

Si se piensa en un limón la saliva se excitará y si uno se imagina hincándole el diente la salivación aumentará. Así que es mejor no pensar en limones si no se quiere salivar. La naturaleza es algo esencial, tanto que es la madre de la vida y pensar que ella es tan imperfecta como para creer que la salud depende de la lucha contra lo que nos duela es ilusorio, por razonado que parezca.

Si la atención de uno es dirigida por terceras personas, en sentido negativo, el miedo crece y si la controlan fuerzas mediáticas la razón y la lógica son devastadas, el miedo se proclama soberano de la atención negativa y se disemina como el polvo en una tormenta de arena. 


Cuando me encuentro mal mi atención se la entrego por entero al trabajo de la naturaleza, el de mi cuerpo y su exquisita inteligencia. Mi atención está siempre en la autosuficiencia, porque así es como nos ha dispuesto la natura o Dios. No me interesa dejarme conducir a los avernos prestando atención a las formas de persuasión que logran que se confunda un geranio con un monstruo. 

Contaré ahora lo que me ha ocurrido en los últimos días. Hace una semana amanecí con una lumbalgia quizá debida a un abuso de entrenamiento marcial en días precedentes. Por si fuera poco, tenía un respetable dolor de estómago, creo que a causa del zumo de pomelo que llevo tomando esta temporada. ¿Y un alimento tan maravilloso puede perjudicar?

Lo bueno y lo malo no es tan real como parece, cada persona es un mundo aparte y yo soy hipersensible, sufro de más, pero mi cuerpo es normal. Hay personas que coman lo que coman o beban y hagan lo que hagan no notan nada, no sufren, pero sus cuerpos no son normales.

Otra cuestión es qué hice con lo que me ocurría, pues lo frecuente es echar mano de un cóctel de remedios artificiales, pero por mucho que se encuentre uno mejor la normalidad no regresa al cuerpo, de modo que mi atención no estaba atrapada en el suceso.

Lo único que hice fue cooperar con algo que ayudara en la normalización, en vez de bloquearla; es decir, un poco de yuki (espiración concentrada) estimulación manual de ciertos puntos y un poco de Katsugen o movimiento regenerador. En apenas dos días todo volvió a la normalidad. Pero vuelve cuando el cuerpo es antes normal.

Por eso la enfermedad puede ser algo útil, pero es una idea de locos ante la escrupulosidad de la civilización, ligada a la protección que nos rescinde del medio natural. Tal es el caso del catarro, y si se comprende su naturaleza  uno será capaz de pasarlo de forma natural en vez de ceñirse a la idea de que es algo contagioso.

Este acontece cuando ciertas tensiones del cuerpo llegan al límite, también las emocionales, o cuando la elasticidad de las arterias y las vértebras disminuye o cuando existe una fatiga en alguna parte del cuerpo. Después uno se siente renovado, vital y relajado, lo que no ocurre cuando se corta drásticamente.

En cuanto a gérmenes es obvio que en el mundo civilizado no se acepta una inmunidad natural, de modo que la presencia de anticuerpos se toma como un mal augurio, en vez de pensar que tal presencia es un indicativo certero de que algo nocivo ha sido eliminado y que eso forma parte de lo que vengo señalando como un cuerpo normal.

Tengo dos gatos que a veces juegan al fútbol con trozos de comida que luego se comen y ahí están, no son seres humanos melindres. Este tipo de cosas no son aceptadas tampoco, pero a mí me supone una exquisita lección de biología, la cual no trato de imponer a nadie. Tan solo la comparto como poesía de la vida. 


El miedo desmedido se ha coronado en la cima de la dependencia en estos tiempos que corren y el ser humano ha llegado casi a la nulidad de su facultad natural. Y al no estar en proporción la situación actual con la experiencia más sustancial de mi vida me quedo perplejo. Pero no es mi propósito analizar una situación de etiquetas ilusorias e intereses creados.

Mi propósito consiste en reconocer que uno está viviendo lo que no significa otra cosa que ser la naturaleza. Pero solo es eso posible desde un estado mental sereno, sin espejismos, el cual envuelve a la vida tanto como a la muerte.

Y si se desea tener un muerte serena es indispensable haber tenido una vida serena. Una es parte de la otra igual que la enfermedad es parte de la salud; en la naturaleza, no en la mente humana. Pero es difícil aceptar a la naturaleza cuando algo duele, queda relegada a la belleza y la fotografía.

La autosuficiencia resulta a pesar de todo tan inadmisible que algunas personas me han dicho que he tenido suerte de no haber tenido una enfermedad grave, pero no saben que la gravedad surge de un cuerpo que está embotado, que no es normal, como he señalado.

No creen que pueda vivir sin tratamientos artificiales y sin miedo. Pero sí, aunque es necesaria la paciencia para cuando no se resuelve todo tan rápido, como cuando me hice una fisura en la base del primer metatarsiano o cuando me fracturé un calcáneo, o cuando me hice un ovillo en los ligamentos de una rodilla y a saber qué más. “Gajes del oficio”, en mi caso, de la práctica de las artes marciales.

Dicen que me moriré, pero en ningún momento he pensando quedarme aquí ni deseo longevidad a cambio de debilidad. Lo único que deseo es una muerte natural y apacible cuando llegue el momento, sabiendo que solo es posible habiendo tenido una vida igual.   

Sin embargo, la autosuficiencia no está al alcance de cualquiera, no se pasa del letargo corporal a la vitalidad, de la anormalidad a la normalidad, ni del miedo a la calma de la noche a la mañana. Hace falta una práctica gradual tal como la del movimiento regenerador y una actitud un tanto espiritual que no esté basada en un dios intelectual sino natural. 

Nota: lo expresado aquí NO es un aliciente para hacer o no hacer nada en concreto, pues la autosuficiencia en el sentido en que hablo solo surge de una forma espontánea en personas normalizadas biológicamente. Cada persona es responsable de sí misma exclusivamente.

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Artïculos: Naturaleza secreta y Katsugen / Cielo azul / El catarro en el Seitai, su naturaleza desconocida

Libros: Entrevista con el cuerpo / Tenshin, la quintaesencia del Seitai  / El catarro en el Seitai, su naturaleza desconocida

viernes, 5 de junio de 2020

Naturaleza secreta y Katsugen

Si se nos mete polvo en el ojo, este lagrimea hasta expulsarlo o si se mete en la nariz empezamos a estornudar. Estas cosas que hace el cuerpo son espontáneas e inconscientes, y también lo es vomitar o tener diarrea, por ejemplo. Igual de inconsciente es retirar la mano cuando uno se pincha con algo. El cuerpo está siempre buscando el equilibrio, estar en orden, gracias a la actividad extrapiramidal.

Es por esta actividad que las hembras animales tienen a sus crías de una manera fácil y natural, y de la misma manera los perros comen hierba para limpiarse por dentro. Se puede decir que su estado es normal. Esta es la finalidad en el caso del ser humano, que el estado del cuerpo sea normal, de modo que estar saludable es ser biológicamente “normal”. Pero las personas entendemos por saludable el no sentir nada desagradable.

Sin embargo, la capacidad del cuerpo para reajustarse y mantener el equilibrio depende de la sensibilidad. Cada cuerpo reacciona pudiendo así mantenerse sano. Es erróneo entonces pensar que estar sanos requiera de algún método en particular. A no ser que el método esté dirigido a recuperar la sensibilidad perdida, de forma que el sistema motor extrapiramidal vuelva a rendir al cien por cien.

Desafortunadamente se encuentra en infinidad de personas muy por debajo de su actividad normal debido a un estilo de vida artificial. De este modo el cuerpo se insensibiliza y el extrapiramidal, el cual actúa como un centinela, no reacciona o se vuelve lento. Las funciones vitales se ralentizan y ese es el mayor problema de la civilización.

Las personas en su mayor parte creen que sus cuerpos están bien cuando no están enfermas y muchas de ellas nunca lo están o rara vez. En general, uno cree estar bien cuando se encuentra de momento bien. Pero solamente se puede decir con seguridad que uno está bien cuando el cuerpo reacciona con eficacia ante lo negativo, se adapta, lo resiste y lo supera de forma natural.

Esta forma de pensar acerca de la salud es con la que yo me he educado según el Seitai de Mº Noguchi, pero no es exclusiva. Coincide, por ejemplo, con Alexis Carrel, premio nobel de medicina y cirugía, quien dijo que el ser humano debe cultivar una resistencia natural y no artificial. Lo esencial es que no ocurra que el extrapiramidal se adormezca.

El extrapiramidal o sistema autónomo es la raíz de la vida. Y todo depende de ese sistema, de modo que si está activo toda irá bien, aun cuando uno se sienta molesto por un dolor, una diarrea o unos vómitos. Pero si se vuelve perezoso todo será diferente. Solo imaginemos que alguien que haya comido algo en mal estado no sienta deseos de vomitar.

Lo común es pensar que uno vomita por estar mal, pero en realidad se vomita para poder volver a estar bien, y pasa lo mismo con la diarrea o la fiebre. Pero la idea de estar bien es la de volverse insensibles, de modo que el cuerpo se va debilitando; más, cuanto más empeño se ponga en estar artificialmente bien.

Se ha dado la ironía de que escribiendo las líneas anteriores estaba sintiendo náuseas y he tenido que interrumpir la escritura para ir a vomitar con urgencia. En las horas subsiguientes he tenido una diarrea copiosa, pero he decidido acabar este artículo hoy mismo. Así pues, con mi experiencia se puede ver más de cerca la diferencia de enfoque entre bien y mal.

No sé qué me haya podido sentar mal, pero lejos de pensar que me había intoxicado, puedo decir que mi cuerpo ha tratado de impedir precisamente eso. De ese modo en ningún momento me he sentido preocupado, sino contento de saber que mi cuerpo funciona bien. Sin embargo, cuando uno vomita por una causa psicológica, tal como por aprensión, entonces deja de ser bueno. Es así porque en ese caso no lo decide el cuerpo sino la mente.

El cuerpo debe mantenerse despierto, activo, porque el mayor problema que el ser humano tiene es el descenso de adaptación y autonomía biológica. El cuerpo se adormece o insensibiliza y es entonces cuando, con una biología ralentizada, resulta fácil contraer una enfermedad degenerativa, aun cuando uno creía estar perfectamente bien.

Es una suerte a pesar de todo que la gente comience a pensar que un sistema inmunitario activo es lo importante, en relación a los microbios. El mismo Louis Pasteur lo confirmó al final de su vida, diciendo que lo importante no eran los microbios, sino el terreno. Esta referencia del terreno señala al estado del cuerpo, pero ni siquiera el sistema inmunitario es tan importante como su raíz, es decir, el sistema autónomo o extrapiramidal.

Todo el mundo sabe de su importancia, siendo que el latir del corazón y el respirar son las dos cosas principales que nos permiten vivir gracias al sistema autónomo, pero quedan menos a la vista cosas como que las personas a quienes les funciona bien nunca tengan cálculos biliares o renales porque las funciones de eliminación son perfectas.

Ocurre lo mismo con desórdenes emocionales. En general, cualquier desorden físico o psíquico no llega a ser demasiado intenso y transcurren extraordinariamente rápido si la actividad del cuerpo es normal. Pero no es fácil recreando con palabras a una naturaleza distinta de la que es.

Por ejemplo, cuando pensamos que estar “infectados” es un hecho inédito. En cierto modo, esto ocurre desde nada más nacer y durante toda la vida, porque el ser humano es un ecosistema donde viven trillones de seres microscópicos, los cuales son anodinos contando con que la actividad biológica sea normal.

¿Y qué se puede hacer para recuperar la actividad normal?

Cuando está atascada, el camino más directo consiste en ejercitar el extrapiramidal. En eso consiste la práctica del movimiento regenerador o Katsugen Undo. Se le llama regenerador porque regenera la vida en su raíz. Al cabo de un tiempo, el cuerpo vuelve a reaccionar con rapidez ante cualquier contingencia.


Entonces, se experimenta una relajación de las tensiones, una sensibilización y ajuste biológico; acto seguido, una eliminación de toxinas, de modo que las funciones excretoras se intensifican por unos días. También se eliminan toxinas emocionales. Aunque hace falta entender que la idea de la práctica no es curativa, sino regeneradora.

Lo primero sugiere algo que hacer fuera de la naturaleza. Lo segundo es dejar hacer a la naturaleza. Si uno tiene posibilidad de practicar en un Dojo tal vez no debería perder la oportunidad de hacerlo.

Al mismo tiempo, también se puede tomar una actitud que evite la insensibilización y el descenso de la actividad autónoma. Respetar los deseos del cuerpo, como, por ejemplo, no comer sin hambre o por deseo mental, evitar el abuso de fármacos, evitar las duchas frías, etc., son parte de esa actitud, además de no ser melindres con lo que son procesos naturales, como la diarrea o el vómito. Es bueno considerar que el cuerpo está siempre buscando el equilibrio.

Otra cosa que el cuerpo hace para salir de su posible embotamiento es acatarrarse. Suele ocurrir cuando se está demasiado tiempo insensible, al igual que cuando las tensiones físicas y emocionales llegan al límite. Resulta, sin embargo, difícil desasirse de la idea exclusiva de “mal” con respecto al catarro. Mal o bien se vuelve algo relativo, según lo dicho.

En todo caso, imitar a la naturaleza salvaje puede que sea más acertado que huir de ella tratando de vivir en la burbuja de la insensibilidad. Después de todo, los seres que cohabitan con nosotros son seres sensibles. Estar vivos es, asimismo, un análogo de estar sanos, si bien es necesario aceptar un poco más lo desagradable que a veces conlleva el vivir.

Este artículo está basado en el libro Tenshin, la quintaesencia del Seitai, la naturaleza secreta del cuerpo humano”.

Otros libros afines: “Entrevista con el cuerpo, Katsugen, cuando vivir sano es inevitable”, “Katsugen Undo, la práctica que restablece la salud y la serenidad”.