domingo, 13 de diciembre de 2015

Mushin: vacío, respiración, concentración, meditación

“Qué no ha de provenir del vacío y a él vuelva: todas las formas. Al meditar practicamos el vacío e intuimos que no somos forma”

Las emociones resultan de lo que estamos pensando. Incertidumbre, decepción, frustración, miedo, ira, tristeza… son reacciones a lo pensado. Hoy en día, que lo pensado sea más negativo, así como que las reacciones sean más intensas empieza a ser normal, dadas las circunstancias, pero no nos vamos a dejar aterrorizar por una borrasca, aunque también las razones sean cada vez mayores.

Hay que dejarse penetrar por el vacío mental y la respiración, pues no habrá forajido ni demonio que pueda con uno. Sin embargo, es imprescindible relajar los hombros y el abdomen, y después dejar que el aire inspirado profundice, de manera que el diafragma se flexibiliza y uno se relaja.

En el hilo de lo dicho, es conveniente puntear un detalle que concierne a la respiración. Muchas personas creen que al éxito (en lo que sea) se llega por el esfuerzo, pero si el esfuerzo no se lleva a cabo con naturalidad se transforma en un forcejeo, el cual nos aboca al fracaso. Por consiguiente no se ha de forzar la respiración.

En cualquier caso, de lo que se trata es de limpiar el terreno mental, por así decirlo, de manera que uno pueda acceder a momentos de vacío. Y dichos momentos son el batallón de limpieza. La mente se parece a una charca, la cual suele estar fangosa, pues todo el mundo y todos los acontecimientos pasan por encima. El mayor problema reside en que uno mismo remueve aún más el agua fangosa, como si estuviera tratando de eliminar el barro del agua. Es lo mismo que decir que uno piensa compulsivamente casi las veinticuatro horas del día.

Por el contrario, puedes tomar la actitud de esperar a que el fango repose en el fondo de la charca, sin remover el agua. Las cosas se ven de forma diferente. Es lo que ocurre con la práctica de za-zen o meditación. Así pues, seguidamente, pasaremos a practicar, teniendo en cuenta la concentración, la respiración, la meditación en "nada", alcanzando de ese modo un estado de sosiego y vacío o Mushin.




Lo primero es elegir el lugar y la postura para sentarse. Es ideal poder elegir un sitio al aire libre, en plena naturaleza, manteniéndose al abrigo de transeúntes, de moscas y de avispas, pues todos tienen en común el molestar. Es una broma. Bueno, no tanto. El caso es que si tienes que espantar las moscas cada veinte segundos terminarás diciendo que meditar es un incordio, pero a buen seguro que el incordio son las moscas. Por esa razón el sitio debería ser a la sombra y donde corra una brisa. 

Sin embargo, no siempre es posible hacer esto al aire libre (y menos a diario), sobre todo por quienes viven en ciudades grandes. Si no se puede habrá que hacerlo en casa, reservando un espacio privado que esté aseado y algo ventilado. Claro que también ha de aprenderse a meditar esperando en la cola del autobús, en la sala de espera del dentista, o sentado en la cafetería. 

En fin, que habrá que comenzar antes de que volvamos de nuevo al pleistoceno (debido al necioceno actual, claro). ¿No te parece? 

La postura

Se puede usar un cojín o zafu, como los utilizados en el Zen. Te sientas sobre el cojín con las piernas cruzadas, de manera que las rodillas toquen el suelo y la espalda esté recta pero no rígida. El cojín tiene que estar ligeramente inclinado para así facilitar la posición. O puede usarse seiza, es decir, sentarse a la manera tradicional japonesa: de rodillas y sobre los talones. Si uno conoce las posturas de loto o medio loto puede usarlas, y sirve una adaptación del medio loto, de manera que la pierna que iría por encima de la otra, se coloca por delante, apoyando la planta del pie contra la tibia. 
Ahora bien, puede usarse una silla, si no hay más remedio, con la condición de que la espalda esté recta y las piernas quietas. ¡Incluso sirve la taza del retrete! Por supuesto, siguiendo el consejo de aquel maestro que decía: "cuando comas concéntrate en comer y cuando hagas caca, en eso mismo". Pues ya sabemos… no es el momento para pensar ni para leer el periódico. 


Las manos se colocan sobre el regazo, con las palmas hacia arriba, manteniendo los hombros bajos; o se pone la mano izquierda sobre la derecha, con ambas palmas vueltas hacia arriba, con los pulgares tocándose. Este gesto es conocido como "mudra cósmico" o Hokkaijoin, si bien el nombre importa poco. 

La respiración

La respiración común no afecta al diafragma, pero si la respiración se profundiza el diafragma se flexibiliza y se relaja, como he dicho. Entonces, la respiración se vuelve natural. Eso es imprescindible, siendo que el hombre civilizado no solo ha constreñido su pensar, también su respirar natural. 

En un sentido más sutil, al profundizar la respiración, la fuerza vital también lo hace, y de arriba a bajo; por eso podría sorprendernos la expresión de que la respiración tenga que llegar al cóccix. Pero recordemos que hay que respirar con naturalidad, puesto que la energía se va a incrementar en el abdomen o hara, y no hay que dejar que se colapse debido a una respiración forzada.
 
Así pues, explicaré la manera de abordar la respiración para principiantes. Los ojos están entreabiertos, mirando a un punto fijo a cuarenta y cinco grados hacia el suelo. A continuación se establece una cuenta que te ayuda a mantener la atención fuera de la divagación. Se cuenta del uno al diez en cada inspiración (inhalación) y espiración (exhalación), tal como sigue:

1: inspiro 2: espiro 
3: inspiro 4: espiro 
5: inspiro 6: espiro 
7: inspiro 8: espiro 
9: inspiro 10: espiro

Si se pierde la cuenta hay que regresar al "1", estemos donde estemos. Más adelante, cuando uno ya está entrenado, se dejan de contar las inspiraciones y se cuentan únicamente las espiraciones. La respiración, en general, ha de ser natural y tranquila, pero normal. Poco a poco tiende a ralentizarse. 
Al cabo de unas semanas o meses, ya no se contarán las respiraciones. Más bien uno ha de observar su respiración. Ser consciente de que inspira y espira. Doy por hecho que para entonces el cuerpo ya no estará tan contraído ni la mente embotada, lo que supone habernos desprendido en algo de una voluntad conflictiva. 

Siendo así, ahora variaremos el ritmo respiratorio: la inspiración es un poco más corta y la espiración un poco más larga y lenta. Entre ambos hay una brevísima retención de aire. Advierto que no hace falta acumular tanto aire como estupideces en el talento. No se trata, por lo tanto, de acumular aire, sino de crear armonía en la respiración. Los pulmones NO son para jugar y hacer el cafre puede ser perjudicial. 

Así que nada de jadear. Si uno tiene la sensación de estar en el fondo de una piscina o se siente ahogado como en medio de un vendaval es que lo está haciendo mal. Es preciso dejar que el ritmo correcto se establezca por sí mismo. Este es el resumen:
a) inspiración/corta b) retención /breve c) espiración/larga

La concentración

A partir de aquí es obvio que uno tiene que estar concentrado, pero ¿qué va a hacer con los malditos pensamientos? ¿O no hacen más ruido que una legión de tamborileros? Es una cuestión de atención. Simplemente no se les presta atención a los pensamientos. 

Si les prestas atención los estás consintiendo; si tratas de rechazarlos, en realidad también les estás prestando atención. Y eso mismo pasa al prestar atención o también rechazar a las personas o acontecimientos que nos incordian. Apúntalo.  

Por lo tanto, no hay que consentir los pensamientos y tampoco rechazarlos, pues en vez de vaciar la mente uno se irrita y piensa el doble. Se genera una lucha interior y puede acabar neurótico. Ni consentir ni rechazar. En realidad los pensamientos no son más que pájaros que vuelan a nuestro alrededor, hojas que arrastra el viento o nubes que se disipan. Por eso no deberíamos tomar tan en serio las cosas que pensamos. Si no, fíjate en cómo funciona el mundo de tanto pensar… 

Una vez hallado el punto medio de vacío en el pensamiento, hay que incrementar los niveles de concentración para evitar que el diablo de la estupidez humana nos juegue una mala pasada, haciéndonos perder concentración. Por eso, hay que estar prestando atención, en vez de a los pensamientos, a las cosas que ocurren alrededor tuyo. Por ejemplo, si estás meditando al aire libre, escucharás el vuelo de insectos, el gorgoteo del agua, el croar de una rana, el canto de unos pájaros, etc. 

Al mismo tiempo, hay que estar alerta de las sensaciones corporales, como un picor en la nariz, sensación de calor o frío, etc. Uno no puede estar distraído. Tiene que estar alerta. Si un maleante fuera a apuñalarte por la espalda tendría ventaja si te pilla distraído. De hecho, los accidentes suelen ocurrir cuando uno está distraído. Y hay más, uno se encuentra mal por estar distraído, cuando es sorprendido por sus propios pensamientos negativos.

Meditación

Ya lo has hecho, llegados a este punto. Pero es importante tomar la actitud de vaciar la mente en cualquier circunstancia. Si alguien te mete una bronca, respira, mírale la punta de la nariz y deja de evaluar lo que pasa. Y que me disculpe el instigador, sea quien sea, pero yo no lo tomaría demasiado en serio. Ni tampoco al manipulador, ni al intimidador, ni a nada. Que sí, que hay que darle la vuelta a la congoja, sea como sea, ¡caray!

Nadie puede discutir con una vaca. Entonces, actúa como si fueras una vaca a la hora de discutir con alguien. En especial si discutes contigo mismo (pensar compulsivamente). 

¿Y por qué meditar? ¿Y por qué ir al cine? ¿O por qué… tal? Uno ha de conocerse a sí mismo y hallar la tranquilidad de espíritu. Pero hay que practicar. Si en una persona vibra de verdad un ápice de deseo por esa tranquilidad, ya no hay vuelta atrás. 

Si se abandona la práctica, sea la que sea, es que no ha vibrado nada. Puedes decir que ahora no tienes tiempo para volver a natación o a hacer calceta, pero no para lo que en verdad importa, lo más sagrado de ti mismo. 

No va uno a decir que este año no tiene tiempo de comer. Pues mira que el espíritu también necesita comer. El cuerpo es para unos días y el espíritu para siempre. No vayamos a dejarlo flaco de fuerzas. Al punto, la vida no es un vademecum de estupideces, como  las que estamos acostumbrados, sino un latir del corazón cósmico. 

¿Y ahora qué? No vamos a quedarnos a medias… es un decir, pues a estas horas hay que estar ardiendo en deseos de ponerse a practicar, pues si se trata de entrar en campos celestiales de poco servirá la idea. Ni aun la fe, si la mente parece un vertedero. Así pues, se precisa practicar con constancia. La música no suena si no se escucha. 

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