miércoles, 27 de septiembre de 2017

La táctica sin táctica

Los Vaivenes es un apartado que pertenece al capítulo "Renovar la vía" de mi último libro publicado "La táctica sin táctica, La quintaesencia de las artes marciales".

"Los vaivenes es otra de las cosas importantes que necesitamos aprender. Estos se pueden apreciar en las estaciones o en los cambios corporales. Unas veces nos sentimos más fuertes de ánimo, otras en cambio más débiles. Más activos o inactivos o con más arrojo, o menos. Esto hay que tenerlo presente en el momento de combatir, y superarlo.

Si uno no es capaz de superar los momentos bajos con rapidez, el oponente podrá aprovecharse de esa circunstancia. Por eso advertí, al principio, que debemos aprender a crear en nosotros mismos emociones que no dependan de nada externo. Debe evitarse de raíz que las circunstancias o el oponente influyan en uno.

De la misma manera, si uno percibe que va venciendo al oponente, recrearse en la euforia de la victoria inminente lo puede conducir a la derrota, porque la mente pierde claridad. O al contrario. Si uno parece que está perdiendo pero su mente continúa clara, habrá una posibilidad de que la balanza del combate cambie a su favor. Estas cosas hay que tenerlas en cuenta y no parecer un títere en manos de diablos emocionales. Cuando las artes marciales no se comprenden como es debido es fácil convertirse en un títere.

Muchos practicantes tienen solo a su favor la insolencia y la agresividad, pero cuando sienten dolor o perciben que el oponente es más fuerte que ellos pierden todo su arrojo y su energía debilitada asciende a la cabeza anulando sus capacidades".



 Descripción y disponibilidad del libro: ver aquí.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Una nota sobre el ladrón de penas

Epílogo de la novela "El ladrón de penas"

Incluso la más cruda realidad no puede describirse si antes no se imagina. Lo imaginado, por otra parte, necesita de alguna realidad. A veces más de la cuenta. Quizá escribir sea un misterio y, si hay algo que aprender, el escritor podría sentirse como en un sueño donde nadie sabe qué va a acontecer. Esto ha ocurrido con los personajes de esta historia. Ellos son los que la han creado mientras yo me limitaba a pulsar el teclado, según me iban indicando, sobre todo Héctor Quijada, pues ha sido él quien ha creado la mayor parte del argumento inspirado en hechos reales, según dice, y de los cuales yo me he desentendido completamente.

Lo cierto es que esta es una manera bastante espontánea de escribir, porque la geometría no es lo mío. Me parezco mucho a los elementos de la naturaleza, todos ellos irregulares. En realidad soy uno de esos elementos y todos los somos aunque muchos no lo sepan. Pero lo que quiero resaltar aquí no es el talento natural o geométrico, sino una parte ignorada del misterio que rodea a la escritura: las coincidencias.

Son estas las que mezclan la realidad con lo imaginado a un nivel profundo. El escritor (también a veces el lector) establece contacto con algo desconocido en la vida corriente y moliente, lugar y estado mental donde se ignora la existencia de los paradigmas. Sin embargo, de ellos están hechos nuestros sueños, los cuales se basan como he mencionado en la realidad y viceversa. Que se lo digan a esa pareja parisina, Raúl y Anne.

Durante el transcurso de cada uno de los libros que he escrito me he tenido que enfrentar a paradigmas envueltos en extrañas coincidencias. Pero hay más, si se trataba de algo que aprender (una clave determinante), un factor se sumaba a las coincidencias, y era la congruencia. Esta es una especie de relación lógica entre lo que se dice o escribe y se hace.

Lo contrario es la incongruencia y en su punto extremo nos encontramos con el cinismo. ¿Acaso no es este un mundo cínico? Algo me dice que sí, pero el antídoto es ser lo más real posible, noble, digno, sincero, dentro de la imaginación. Pero alguien nos pone a prueba y de ahí las coincidencias y su misterio. En resumen, que algo extraño me sucedía. Por ejemplo, si al escribir hacía demasiado hincapié en conservar la calma me veía envuelto en situaciones tensas.

Al escribir «El ladrón de penas», me ha sucedido lo mismo. De hecho lo empecé con cierto recelo, el cual aumentó al evidenciar las admoniciones que Kaito, el hombre del chubasquero rojo, aplica a los protagonistas aun sin que nadie sepa por qué. Huelga decir que hasta acabar el libro me he visto envuelto en situaciones que algunas veces me han hecho sentirme (también a mí) protagonista de esta historia. Sobre todo, cuando me sorprendió una tormenta hace poco.

Ignoro si habré tenido algo que ver en ello, pero al doblar una esquina en pleno aguacero me tropecé con una persona que llevaba puesto un chubasquero rojo. Y por esto mismo intuyo que el misterio se extenderá a esta nota final si no lo remedia nadie, y nadie va a remediarlo.

Mucho me temo que, por el contrario, el hecho de qué me ha inspirado para escribir esta historia es de por sí otro misterio, a lo que debe añadirse la ubicación geográfica y sobre todo el título. Ahora bien, ya he dicho más o menos que mi cometido no ha sido otro que poner sobre el papel un dictado. Otro misterio podría ser quizá mi intuición de un invierno que transcurra entre borrascas. Si fuese así, ignoro si el haber escrito este libro tendría algo que ver en ello; se mire como se mire, todo seguirá siendo un misterio.

viernes, 16 de junio de 2017

Practicar el auténtico Katsugen Undo

Determinar qué es una cosa y qué no puede ser vanidad, ya que eso da a entender que alguien está haciendo algo mal a mis ojos. Sin embargo, las personas interesadas, principiantes, merecen una visión más precisa de lo que es de su interés.

Esto es especialmente importante en un mundo cada vez más complicado, en el que todo cabe, donde lo real y su contrario se funden entre sí. Cualquier persona puede lanzarse a difundir su conocimiento, tal vez correcto, pero a veces parcial y a veces nulo. No voy a ser yo quien esté en lo cierto, pero siento la necesidad de un intento de preservar el “arte”, en este caso el de HARUCHIKA NOGUCHI. 

Lo tendré difícil teniendo en cuenta que hoy en día los valores humanos han perdido mucho y que vivimos en un permanente maremágnum de desinformación en todos los contextos de la vida humana. Lo que a su vez nos lleva al abismo al que se refería ITSUO TSUDA. “La humanidad se dirige hacia un abismo”, decía.

TSUDA fue, por así decirlo, un ángel custodio de la obra de HARUCHIKA NOGUCHI. Sin embargo, otros dirán eso de sí mismos. Tal vez en ello influya el espíritu occidental, el cual reverencia el envase que contiene el agua sin que esta tenga apenas importancia. De ese modo, uno puede tener credenciales, incluso haber conocido a Noguchi, pero entender es otra cosa. 

No es nada que a mí me importe, pero muy pocos de los alumnos que yo he tenido han entendido. En todo caso, en lo que se refiere a occidente, considero, en mi criterio, como enseñanza fidedigna la que provenga de la “escuela de la respiración de ITSUO TSUDA”. 

Se dirá de mí que soy parcial, pero mi interés está en que las nuevas generaciones practiquen lo que en verdad es el Katsugen Undo. Diría lo mismo de cualquier otra clase de práctica, pues ya poco queda de la pureza de las cosas; las mezclas y las distorsiones las desnaturalizan. Por eso lo que sigue es una pequeña guía orientativa para los principiantes. 

INDUCCIÓN DEL MOVIMIENTO. La inducción del movimiento (Katsugen Undo) consiste en tres respiraciones repentinas (las cuales no explicaré aquí), más o menos bruscas, que inducen al sistema motor extrapiramidal a reaccionar ante lo que podría ser una anomalía, aunque no lo es.

Error: no hacer la inducción, pasando directamente a moverse “voluntariamente”. En este caso no se aprecia un cambio del hacer al “no hacer” o actividad autónoma. 

ACTIVIDAD AUTÓNOMA. Después de la inducción, lo primero que surge son bostezos, lagrimeo, moqueo, eructos, etc. Estos son los más sutiles y esenciales movimientos involuntarios.

Error: ausencia o carencia de actividad autónoma. Da la impresión de que nada haya ocurrido aparte de moverse sin ton ni son, tal vez con algún bostezo aburrido y puntual. A veces uno comenta, sonríe, abre los ojos, parodia, etc. 

MOVIMIENTOS INVOLUNTARIOS. Tras la inducción, son leves en su mayor parte, aunque más notables en un reducido número de casos. Cada movimiento es algo muy sutil que precisa de la no intervención (no hacer) de la voluntad. 

Error: hacer movimientos exagerados, rebuscados y, sin duda, voluntarios, algunos violentos; uno tiene la impresión de observar una mímica, una coreografía que no ha sido planeada, pero hacer lo que venga a la imaginación nada tiene que ver con el movimiento involuntario. En resumen, se confunde el movimiento espontáneo (involuntario) con hacer lo que a uno le dicte su imaginación o apetencia bajo el pretexto de la espontaneidad.

POSTURA. El movimiento se favorece adoptando una postura NO rígida que no bloquee el movimiento involuntario. Sentados, pueden cruzarse las piernas o adoptarse la postura tradicional japonesa, seiza.

Error: adoptar posturas inadecuadas, tipo Yoga, o también la postura erguida, que bloqueen el movimiento espontáneo, pero no el voluntario. La postura rígida, por otra parte, favorece que los movimientos voluntarios (imaginados) sustituyan a los involuntarios.

FINALIZAR EL MOVIMIENTO. Se finaliza el movimiento con tres respiraciones profundas, realizadas de una manera específica y, luego, es necesario reposar sin moverse o, mejor aún, tendidos boca arriba con el fin de adaptarnos al estado normal, habitual.

Error: dejar de hacer la mímica simplemente, y hablar, levantarse o realizar cualquier actividad cotidiana de inmediato. 

REACCIONES. Se atraviesan tres etapas al principio que luego se repiten de forma continuada. La primera es de relajación. Uno puede sentirse adormecido, por supuesto relajado; se pierde un poco de apetito, se acusa más el frío, etc. 

La siguiente etapa es de sensibilización; la piel se vuelve más sensible y pueden surgir molestias, dolores e incluso fiebre e inestabilidad emocional, etc. Esta es una etapa que, al contrario que la anterior, puede ser desagradable porque es el momento en el que el cuerpo se está sensibilizando y recuperando su equilibrio normal. 

La tercera etapa es de eliminación o evacuación. El cuerpo, debido a la mejora de la actividad involuntaria, elimina toxinas y eso incluye las tensiones físicas que han quedado pendientes de eliminar y también las emocionales. Así, las funciones de excreción se intensifican y se presentan algunos cambios en la piel. Se producen diarreas, mucosidades e incluso se da el caso de, si existen, eliminar cálculos, tanto biliares como renales. Esta etapa puede ser también poco agradable, pero es aquella con la cual mejor nos sentimos una vez ha finalizado. 

Error: desconocer estas etapas o no experimentarlas debido a la falta de actividad autónoma intensa durante la práctica. Pero en ese caso, a pesar de que tales etapas las experimenta cualquier persona en algún grado (sin saberlo), no se recuperará el nivel de sensibilidad y reacción adecuado.

CONTRAINDICACIONES. El movimiento correctamente inducido no debe ser practicado por personas agonizantes, ni en el caso de mujeres hasta una vez cerrada la pelvis después de un parto. También hay que ser cautelosos o no practicar si se tiene un órgano trasplantado, un implante importante, tal como un marcapasos, elementos de los que dependa la vida, ya que el organismo tiende a rechazar los elementos extraños, si bien en los casos “no críticos” se puede experimentar una adaptación “drástica” como al empezar a fumar, lo cual no es nada preocupante.  

Error: no tener esto en cuenta tanto si la inducción es correcta como no. Si la inducción es incorrecta y los movimientos son por tanto bruscos y voluntarios, eso puede acarrear problemas. En el caso de a pesar de hacer la inducción correctamente, si los movimientos se hacen voluntarios y exagerados, en algunos casos agresivos, se puede lesionar puntos clave como las vértebras cervicales o las lumbares. Es más, si se llega a hacer la inducción y uno se entrega a una mímica “violenta” corre el riesgo de un hemorragia cerebral, tal como indicaba NOGUCHI.

TERAPIA. El Katsugen Undo NO es una terapia de ninguna clase. Es la actividad natural del organismo, nada más. Lo único que hacemos es recuperar el nivel de esa actividad, recuperar el grado óptimo de sensibilidad y equilibrio. 

Error: enfocarlo hacia la terapia como instructor o pretender ser curado de una dolencia como practicante del movimiento. Naturalmente, se producen cambios que indican que hemos superado un desequilibrio, pero, en esencia, la actividad natural de la vida no puede ser una terapia de la vida, sino la vida misma. Decir que la práctica sirve para adelgazar, dormir mejor, mejorar el rendimiento deportivo, curar lo que sea, etc., distorsiona el sentido de la práctica y en algunos casos, cuando esta se hace arbitrariamente, la deshonra. Distinto es asentir en que aporta grandes beneficios, pero el practicante no debe dispersar su mente pensando en ellos, o justificando su práctica a través de ellos. 

APRENDIZAJE. Dado que se trata de la actividad normal del organismo, es sencillo aprender la técnica en relativamente poco tiempo. Pero entenderlo al punto de hacerlo bien puede llevar años. Más todavía, sentir el cielo puro o Tenshin, es decir, que encontrarse mal o bien son temores o ideales que nada tienen que ver con una realidad de fluctuaciones naturales. Eso supone también sentir la vida plena o Zensei. 

Error: creer que con observar la técnica y practicarla una o dos veces uno ya es un maestro consumado, sin pasar por las etapas que he mencionado y sin atravesar la barrera, a veces desagradable, de un organismo autónomo. 

Personalmente, he llegado a la conclusión de que no sé tomar la actitud del gurú moderno de corte occidental (aunque lo he intentado). Será por eso que cuento con un número reducido de alumnos, pero si he de enseñar algo quiero que eso sea auténtico. Quizá sea por esa razón que la mayoría de personas que comienzan la práctica correcta la abandonen cuando se dan cuenta de que no ofreces nada más que lo que “es”. Veo normal, hasta cierto punto, que las personas cometamos errores, pero no que se pueda  rozar el absurdo y a veces peor que eso.



jueves, 24 de noviembre de 2016

El ladrón de penas

Un misterio insondable, una aventura extraordinaria, acción al límite, un amor imposible y una serie de sucesos que no se olvidarán jamás, son parte de los ingredientes de una historia con un final... inesperado. Quien se adentre en estas páginas se encontrará inevitablemente con una historia que tal vez le quite el sueño, pero que le hará sentir más allá de lo que pudiera imaginar...

Este es mi último libro publicado, "El ladrón de penas". Descripción completa



domingo, 22 de mayo de 2016

La escritura mágica

Ni la literatura ni la ciencia podrán explicar algo que subyace en las capas más profundas del misterio. La frase: “escritura mágica”, sugiere que el acto de escribir es creativo y por consiguiente mágico. Tiene sentido porque es “moralmente racional”, y lo aceptamos en cualquier campo del saber humano, la literatura, la música, la pintura, etc., pero, ¿y si no estuviéramos hablando de esa clase de magia?

No, la magia de la que voy a hablar es más literal; entonces se verá como “inmoralmente irracional”. Pero se vea como se vea, ahí está, sucede sin tener que mendigar explicaciones, dejando aparte a esa dama tan encantadora, refinada y beneficiosa al hacer humano: “la congruencia”.

Es una buena compañera, pero es también muy severa cuando decide probar si somos individuos reales o meras patrañas. Hasta se ríe de nosotros, para disipar los humos de la vanidad. Todo depende de lo que uno haga, escriba en este caso. Si escribes de crecimiento personal, aunque solo sean ligeras connotaciones, echa a correr porque la dama de la congruencia irá a por ti, te escondas donde te escondas.

Otra cosa es que uno no pueda o no quiera darse cuenta, pero, si somos conscientes, tal vez lleguemos incluso al “poltergeist” emocional. No, no exagero, pero será mejor que cuente mi experiencia, no vaya a ser que las letras empiecen a moverse y saltar fuera del blog; sería un caos para mis visitantes y un problema para los exorcistas semánticos. Pero veamos cómo la congruencia se ha ensañado conmigo.

Empezó a suceder cuando más descuidado me encontraba, aunque poco a poco conseguí verla venir con cierta anticipación. Acabé por preguntarme ¿qué sucederá por escribir esto…? Tomaré como ejemplo una de mis frases más apreciadas por mí: “En una situación difícil tenemos que mantener el estado en el que el pensamiento no sea un estorbo”. Cuando la escribí, no hace mucho, pensé: “prepárate”.

En los días subsiguientes me vi envuelto en varias de esas situaciones, aunque no extremas. Y eso que, por norma, solo escribo aquello de lo que estoy seguro de poder hacer y que por supuesto hago. Pero la dama es muy exigente y siempre te pide más, y más…

—Estoy siendo congruente con lo dicho, ¿qué más quiere usted, señora? —le digo a la dama.
—Quiero asegurarme de que no se te ha olvidado —me responde ella.

Podría poner cien mil ejemplos, incluyendo lo que enseño (digo) en mis clases, pero el más conmovedor es el de escribir un libro. Se dicen muchas cosas en él. Pero si son varios o muchos, es mejor salir a la calle con coraza; la dama te importuna, te acribilla el temple hasta dejarlo como un colador, lleno de agujeros. Si resistes la embestida, se retira a descansar o la toma con otro que también tenga la consciencia despejada.

Imagina lo sufrido que es una exigencia tan alta en un mundo incongruente, cínico, más bien. Pero no puedo quejarme, a fin de cuentas, yo soy el único culpable por haberle declarado mi amor a esa dama tan desenvuelta y atractiva. Ese amor no te lleva al triunfo, pero sí a amar lo que haces y que sea lo bastante real como para hacerlo sin remordimientos.

Siempre somos puestos a prueba, escribiendo o haciendo cualquier otra cosa. Pero no deja de tener su lado divertido, ¡y su lado constructivo! Solo hay que imaginar qué ocurre cuando la prueba se supera y la dama te sonríe. Por otra parte, no es posible eludir la prueba, solo ignorarla, lo que equivale a retrasarla.

Pongamos por caso, que escribía un capítulo en el que se mencionaba algo que tuviese que ver con la calma. En tal caso, las turbulencias me rodeaban como un tornado. Si se trataba del coraje ni qué decir. Escribir un libro es pasar mucho tiempo en tu interior y al acabarlo tienes que mirar su simbolismo y darte cuenta de que estabas ignorando que eso estaba dentro de ti.

Después de finalizar cada libro, me he dado cuenta de que no venía de ninguna parte ni iba a ningún lugar. Y lo mejor de todo: que solo se escribe algo bueno (o se hace lo que sea), en los momentos en los que el “yo” deja de existir. ¡Eh! ¡Ahora sí que podemos hablar de magia!

No obstante, quiero mencionar también una parte que se halla en el epicentro de la magia para niños. Creo que es la más divertida. Como ejemplo, sirve una novela que estoy terminando y que en breve será publicada. No diré el título ni de qué trata, porque no es el momento, solo mencionaré una tormenta y a un hombre que aparece con un chubasquero rojo.

Uno de los protagonistas recibe una gran lección (una de tantas) ante la presencia de ese hombre y en medio de una tormenta que se forma en pocos minutos. Pues bien, pocos días después de haberlo escrito me vi en una repentina tormenta (con la consiguiente prueba de aprendizaje) y al girar una esquina… alguien tropezó conmigo y… ¡llevaba puesto un chubasquero rojo! ¿Cómo se puede digerir esto?

La verdad es que nunca la ironía, la paradoja más bien, había sido tan literal, ni mucho menos. Después del asombro me estuve riendo varios días. Sin embargo, no estaba tan asombrado, puesto que desde que empecé la historia no han dejado de ocurrirme cosas. Y eso está bien, al menos sé que vivimos en un Universo al que se le da muy bien el humor Zen.

O puede que yo lo vea así al no soportar la seriedad de los tecnócratas y tragamundos. Me viene a la memoria la historia de un maestro Zen muy risueño. Se dice de él que pasara lo que pasase, siempre reía. Me siento pues afortunado porque la vida me dé lecciones sin quitarme la risa ni la alegría. A la hora de escribir, sé que las letras no son mera gramática, y que incluso por encima del arte, son mágicas.

Sin embargo, el asunto no acaba aquí. Leer es también una de las grandes maravillas del mundo. Pues bien, si leemos con ánimo de crecer, la dama nos visitará para ver si es verdad que hemos aprendido algo de aquello que nos ha gustado tanto. Pero no te asustes, no vaya a ser que baje el nivel de lectura, y ya está… casi en el núcleo de la Geosfera, medio fosilizado.