viernes, 29 de enero de 2016

Templo de Shizen-ji

Hoy he ido una vez más al Templo de Shizen-ji. Allí me he encontrado de nuevo con los mejores y más sabios maestros del mundo de todas las épocas. Lo saben absolutamente todo. Claro que no me dejan hablar, únicamente mirar y escuchar.

Me ha recibido el abad del templo, como siempre hace, con abrazos, y luego me ha invitado a sentarme. Todos me han dado la bienvenida, obsequiándome con algunas melodías y fragancias, así como con las mejores vistas, tal como es la costumbre.

Al final ha llegado el momento de marcharme, sintiendo la nostalgia de regresar pronto, pero me he ido muy satisfecho con todo lo aprendido y me he llevado un regalo de despedida: "la paz conmigo mismo.

El abad del templo no ha dejado de mirarme en ningún momento hasta que he subido al coche y me he alejado. Lo único que me ha dicho ha sido: "no te olvides de que eres uno de nosotros".

El abad es un árbol a cuyo tronco siempre me abrazo, al llegar y al marcharme. La asamblea de maestros está formada por árboles, matorrales, piedras, rocas, tierra, agua, pájaros, visones, peces, ardillas, ranas, tejedores, hormigas, abejas y un largo etcétera.

Todos ellos forman parte de la natura (Shizen), la cual es el único y verdadero templo (Ji), según me revelaron hace mucho tiempo, y todos han sido graduados en la única universidad autorizada: "La Universidad de la Vida".